maltrato
  1. nombre masculino
    Comportamiento violento que causa daño físico o moral.
    “en Estados Unidos de América, la segunda causa de muerte entre niños de 2 a 5 años es el maltrato”

Si, yo estudié la EGB en los Maristas-La Inmaculada de Barcelona, la prestigiosa escuela sita en la calle Valencia con Roger de Flor y Passeig de Sant Joan y si, yo también fui un alumno maltratado, en mi caso a nivel psicológico/moral, pues aunque nadie abusó de mi a nivel sexual, si que sufrí en mi persona las vejaciones, insultos, improperios y las torturas psicológicas que muchos aplicaban con total impunidad y naturalidad. Es importante mencionar que a nivel legal, las víctimas de abusos estamos totalmente desprotegidas, pues un maltratador puede hablar sobre sus abusos, pero si no llega  a ser juzgado, te puede denunciar por injurias si le place. Los Maristas van a empezar a denunciar a todos los que han hablado mal de ellos como institución una vez se calmen las aguas y van a intentar limpiar su imagen como sea. Seguramente los abusadores no serán expulsados y muchas víctimas serán consideradas como unas personas rencorosas y vengativas.

Yo fui testigo directo de muchos abusos físicos y psicológicos que por aquel entonces parecían normales. Estoy hablando de finales de los años 80 del siglo XX…y de hermanos que hasta los años 90 y algunos el presente, siguieron demostrando una mala praxis lamentable.  ¿Como podemos considerar normal, incluso muy educativo para muchos hermanos, profesores e incluso padres, el maltrato psicológico o físico a un niño?. Se que la prensa actualmente se ha interesado muchísimo por los abusos sexuales cometidos en los Maristas de Sants y también por algún que otro hermano en La Inmaculada y en Badalona, pero no es mi caso; no obstante, es mi deseo exponer lo que personalmente viví y observé, pues tiene mucho que ver con la mala praxis educativa, la ocultación de pruebas y la negación sistemática de que allí pasaba algo anormal (lo peor es que siguen pasando cosas en escuelas de Maristas  y pocos son los que levantan la voz). Por respeto a la ley, pero en contra de mi corazón y de mis sentimientos, me veo obligado a  utilizar iniciales en aquellos hermanos que podrían denunciarme por criticar sus acciones en público.

Servidor de ustedes entró en los Maristas- La Inmaculada el mes de septiembre de 1981. Recuerdo la imagen de un niño asustado ante una sala de actos enorme (ahora gimnasio), rodeado de niños; me senté junto a Bernardo Barqueros y Marc Bertolín, con quienes compartiría clase en varias ocasiones a lo largo de los próximos ocho años. Recuerdo al hermano B, explicándonos detalles de lo que nos esperaba en el colegio y de llegar a clase y encontrarme con los pupitres, una pizarra y la señorita Manoli, un ángel que me enseñó muchísimas cosas útiles. Jugábamos en un patio que me parecía enorme y no podíamos subir ni a las galerías, ni salir al patio central. Ese fue mi primer día en los Maristas, un colegio enorme, de muros altos y varias galerías.

Debo reconocer que primero y segundo (con Manuel Martos como tutor, excelente por cierto) pasaron muy rápido y al llegar a tercero me llevé una grata impresión al tener al genial Emilio Pérez Iscla como profesor, un argentino sensacional, amante del teatro y de la cultura. Aprendí las tablas de multiplicar y descubrí de donde vienen los niños. Cuarto de EGB fue una gozada, con Manuel Monedero una bellísima persona que me dejó las matemáticas para septiembre por vago, aprobándolas con un notable alto tras un verano estudiando a ratos entre viajes a la montaña, Paris y Normandía. Como pueden apreciar, mis primeros cuatro años en los Maristas-La Inmaculada fueron una maravilla. Disfrutaba acudiendo a clase, me encantaba estar sentado junto con mis amigos y compañeros, aprendiendo, con las estufas nuevas, con alguna que otra nevada en invierno y con los años ochenta regalándonos películas maravillosas que comentábamos en clase (Indiana Jones, Cazafantasmas, ET, Gremlins etc….). Mis padres eran químicos, y mi madre profesora en un colegio de monjas de Sant Feliu de Llobregat (El Buen Salvador), y se mostraban encantados con el nivel educativo y el buen hacer de mis profesores, a quien admiraba y respetaba.

Yo por aquel entonces ya había hecho muchos amigos, era algo tímido, mucho mas que ahora, pero no tenía ningún problema a nivel de adaptación. Durante la década de los años 80, los Maristas se labraron una excelente reputación como centro educativo, por algo era el colegio de Nacho Solozabal, jugador de basket del FC Barcelona. Por aquel entonces, los Maristas despuntaban en hockey y en basket, siendo una escuela que fomentaba el deporte y los deportes de montaña gracias a sus boy-scouts. Lástima que el profesor de natación fuera un excampeón (el señor A) alcohólico perdido. Por suerte, la buena de Inés, su ayudante y bellísima persona, se encargaba de nosotros, pues no se que habría sucedido si algún niño hubiera tenido problemas con A intentado dar clases.

Tener a un profesor borracho es algo imperdonable, pero los Maristas lo toleraban. Mi madre se quejó un día, algo impresionante por aquel entonces -¡Una madre quejándose de mi! – me dijo A, y durante medio curso me pasé las clases de natación castigado en la piscina pequeña. Supongo que era una venganza, algo que mi madre volvió a denunciar, logrando mi perdón. A nunca mas me habló, y por suerte fue rápidamente sustituido por el señor Suárez y por fin, aprendimos a nadar.

Al llegar a quinto de EGB empezamos a ver a un señor con bata blanca que aparecía corriendo por las galerías cuando sonaba el timbre del recreo, un señor con cara de pocos amigos que era el “prefecto” del colegio. – Dicen que es profesor en octavo – comentaban algunas voces. – Es el que pone los “sábados” – decían otros. Supongo que llevaba años siendo el malo del colegio, pero yo nunca le había visto, o no me había fijado, debido en parte a que vivía en una nube de felicidad y tranquilidad. Ahora me doy cuenta que muchos padres no ven los problemas de sus hijos porque no quieren verlos. En quinto tuve como tutor al profesor de “dinámica”, Jose Vicente Guerra, de quien no tengo nada malo que decir, siempre en su sitio; era exigente, pero muy educado. También recuerdo a Vicente Martí, hermano de Víctor Martí (mi tutor en séptimo), eran dos buenos profesores. En quinto, observé que si algún profesor se enfadaba contigo de un modo superior a lo normal, te “denunciaba” al hermano de la bata blanca, conocido como “Porky”.  Por aquel entonces descubrí que dicho hermano era G.F, nacido según reza en varias webs en el Pirineo de Lleida, cerca de la frontera con Andorra y miembro de la Falange de las Jons. El hermano G.F era el encargado de castigarte los sábados por la mañana de pié en una clase, unas cinco horas. Cuando un alumno se portaba muy mal, el hermano F venía (cual espíritu de las Navidades futuras de Dickens) y te traía un papel en el que ponía que al tercer aviso o puntuación, te caía un “sábado”. Algo totalmente ilegal diría yo, pues esto de ponerte de pié en una clase, cinco horas, un sábado por la mañana…fuera de horas lectivas…no lo veía ni lo veo muy normal, pero nadie denunciaba nada, nadie se quejaba, nadie abría la boca. En quinto me llegaron voces que el hermano C, tutor de 5º A, pegaba a los niños con el puño en la cabeza, y con su anillo les llegaba a hacer mucho daño. Eran comentarios que hacían los niños en broma…pero si que era cierto que el hermano C disfrutaba dando golpes en los cráneos de sus alumnos, esto de portarse mal…tenía su castigo, y no estamos hablando de los años 40, 50 o 60, sino de mediados de los 80, en tiempos de la guerra fría.

En sexto empezaron los problemas. Tuve de tutor a Jordi Arnella, un profesor catalán, pues tras la muerte de Franco, los Maristas parecían quedarse anclados en el tiempo y hasta 1986 no se empezó a hablar catalán en las clases con cierta normalidad. Arnella era neutral, ni bueno ni malo, era alguien que no se mojaba. Te quejabas por algo y no te hacía caso, muy en la línea de los Maristas, nada de pensar por libre, tu a callar y a estudiar, que hay que hacer de ti un hombre de provecho temeroso de Dios. En sexto empecé a perder las ganas de aprender, no me sentía feliz, no veía un buen ambiente, nadie en clase me motivaba, solo el profesor de matemáticas, Basilio, parecía entender mi tristeza.

Si Arnella era neutral, el hermano de sociales, J.D, era de todo menos neutral. Empezó cayéndome bien pues era joven, sabía mucho de geografía e historia (me encanta) y aunque su higiene personal dejaba mucho que desear, parecía simpático y cercano…hasta que empezó a repartir bofetadas cuando alguien hablaba en clase o no se sabía la lección. No se si fue por la bebida o por algún transtorno personal, pero recientemente mis compañeros a través de Facebook me han recordado el bofetón que me dio, con la mano abierta tras recriminarle haber pegado a un compañero. J. D disfrutaba reventando narices a bofetadas y un servidor empezó a tener verdadero terror. La magia de los Maristas, de Manuel Monedero, de Emilio Pérez, incluso de Basilio o de Felipe Buendía, con quienes me llevo todavía muy bien, moría lentamente. Empezaban épocas oscuras en los Maristas, donde se enseñaba de cara a la galería, para mantener a las grandes fortunas contentas, a esos padres que pasaban olímpicamente de sus hijos, a quienes solo les importaba el prestigio y los contactos.  El hermano D volvió a intentar abofetearme, pero al levantar la mano para pegarme le grité con todas mis fuerzas – ¿Está usted loco o que?, ¿por qué pega a los niños?, ¿porque disfruta pegándome?…el tipo se puso rojo de ira, me miró lascivamente y acto seguido me expulsó de clase. Me quedé atónito. Llorando amargamente, fui a quejarme al hermano Bernardo, que no dudó en enviarme al hermano Julio, el de la enfermería, para que me diera una aspirina para el dolor de cabeza. Impresionante. Por aquel entonces, dejé de ser un niño tímido y callado  y empecé a plantar cara al hermano D, algo que sentó muy mal al resto de profesores. El hermano D no tuvo sensibilidad ante el fallecimiento de mi abuela a principios de junio de 1987 y me sentí profundamente desilusionado con él. Un cáncer de páncreas se llevó a mi abuela en menos de tres meses y nadie en el colegio me apoyó. Al aumentar las quejas al hermano B (jefe de estudios de EGB) y al hermano P (director del centro), el hermano J. D desapareció al año siguiente, muy en la línea de sacarse de encima los problemas sin dar la cara ni denunciar ante la policía los abusos físicos o los malos tratos. D acabó, según tengo entendido, escondido en los Maristas de Llinars del Vallés y hoy en día le he perdido la pista.

En séptimo tuve a Víctor Martí como tutor, un excelente profesor, hombre culto y educado, con quien tuve el placer de charlar hace dos años.  En séptimo descubrimos a Vicente Barona, crítico con el ministro Solchaga y poco amigo de los profesores catalanes que empezaban a llegar. Tomás Escudero fue un buen ejemplo de profesor de catalán marginado por hermanos y profesores, pues esto de la transición y el nacionalismo catalán, no fue visto con muy buenos ojo. Poco se hablaba del pasado en el colegio, ni a favor ni en contra (muchos hermanos Maristas sufrieron en la Guerra Civil), como siempre, esto de pensar no estaba bien visto, solo había que aprenderse de memoria lo que decían los libros, nada mas. Barona no era mal tipo, era un retrógrado y un pesado, pero muy inteligente y nunca pegó a nadie. El problema llegó con A. B, el hermano del acento imposible, el hermano que tiraba borradores a la cabeza de los alumnos que hablaban en clase o que no se sabían la lección. B ha sido denunciado recientemente por abusos sexuales y es que bien podría ser…que la violencia de esta gente venga del pasado, puede que desde tiempos del seminario. Sobre estos temas se ha callado mucho en España, y en media Europa, siendo un tema que muy pocos alumnos y profesores se atreven a tocar.

Llegó un momento en el que  empecé a observar como las vejaciones, los insultos y la violencia física se convertían, para algunos hermanos, en algo habitual, y nadie lo denunciaba, ni un solo padre se quejaba. En casa hablé con mis padres y me comentaron que el día que Benedé me tocará, alguien le partiría la cara. No llegó ese día, pero llegaron otros.

En octavo la situación estalló. Me tocó de tutor el hermano G. F si, si, el de los “sábados” que enseñaba matemáticas y religión. Menudos insultos soltaba si no te sabías el Padre Nuestro…al rincón castigado, por aquí rezando y con el mazo dando.

– Tu, señorito – te decía con aire prepotente, has fallado en el examen, ¡vas a ver la que te va a caer!. – nos decía con mirada de sádico. En octavo tuve la mala fortuna de tener al amigo Riba delante, orondo como pocos, y no me dejaba ver bien la pizarra. Al pedirle al hermano F que me cambiara de sitio repetidas veces, este me ignoraba diciendo que no se hacían cambios una vez empezado el trimestre y que si tenía problemas de visión, me aguantara. El nivel de muchos compañeros fue bajando, en parte por la actitud amenazante de un hermano que en vez de ayudar, asustaba y se burlaba de quienes no llegaban al nivel de excelencia que él consideraba necesario para ser una persona de provecho en esta vida. Nos obligaba a memorizar definiciones, fórmulas, todo de memoria, sin explicar para que nos podrían ser de utilidda, daba igual. F era una máquina del miedo, disfrutaba aterrorizando a sus alumnos.

Un buen día fuimos a hablar con el hermano B para intentar cambiar las cosas. Un grupo de compañeros nos quejamos del hermano F, y yo comenté que no me parecía correcto lo de ir el sábado castigado. Hasta que mis padres y otros padres no se apuntaron a las quejas, el hermano F no movió ficha, pero una vez mas, demostró ser un ignorante vengativo y una mala persona: nos colocó el pupitre pegado a la pizarra, para que no viéramos nada y para humillarnos a quienes osábamos protestar.

Lo peor llegaría cuando el resto de profesores aplaudieron la decisión de humillar a varios compañeros, incluido yo, colocándonos pegados a la pizarra. El margen para escribir en ella era mínimo y hasta que nos negamos a seguir en esa posición, pasaron varias semanas. El día que nos negamos fuimos castigados con dos sábados, algo que en mi casa aceptaron a regañadientes con la excusa de querer cerrar el tema de una vez por todas y evitar nuevas polémicas. Reconozco que me sentí un poco defraudado por mis padres, pues yo me negaría a que mi hijo fuera castigado toda una mañana, de pié, un sábado, en una clase con ese maníaco de G. F. ¿Cómo puede ser legal machacar psicológicamente a un chaval durante horas, un sábado por la mañana?. Si tenias buena memoria, podías llegar a memorizar varias páginas y sentarte durante un rato, pero quienes se ponían muy nerviosos, se tiraban de nueve a dos de pie en un rincón, como antaño.

Tras los dos sábados, solo Tomás Escudero, el profesor de catalán me habló. Nadie mas me dirigió la palabra hasta que terminó el curso, solo para hacer algún que otro examen oral. En 1989, mi motivación estaba por los suelos, tenía miedo de ir a clase, algunos compañeros se reían y otros apoyaban a quienes nos quejábamos por las burlas y los insultos del hermano F y llegamos a fin de curso. Evidentemente, me quedaron dos asignaturas para septiembre y la historia se acabó. Solo nos quedó, como recuerdo grato, el ir a esquiar a Jaca y Astún, donde aprendí un deporte que me apasiona. Lamentablemente, el hermano P, organizador de las esquiadas y un buen profesor, también ha sido denunciado por abusos.

Fuimos muchos los que abandonamos el colegio en octavo para repetir curso, estudiar BUP en otra parte o pasar a la FP. Luego llegarían los rumores, los comentarios y el traslado de G. F a Rubí, con alguna que otra estancia en Les Avellanes y El Escorial. Según parece, el hermano F se enamoró de una estudiante de 12 años y le escribía cartas de amor. No se realmente que pasó, pero me gustaría poder avanzar un poco mas en mi investigación sobre como los Maristas tapan, encubren o silencian sus problemas; problemas muy graves como se ha visto últimamente en los medios de comunicación. La mala praxis señores, la mala praxis…no vamos bien…Tienen a excelentes profesionales, pero deberían expulsar a sus manzanas podridas. Debo decir que tras ocho años en los Maristas-La Inmaculada, nunca mas tuve problemas con profesores. Por mucho que me gritaran varios hermanos que nunca llegaría a ser nada ni nadie, aquí estoy, con una familia, una empresa, mas de 40 países a mis espaldas, 11 libros, 4 películas  y gente que me quiere y a quien quiero con locura a mi alrededor.

Antes de terminar permítanme que les formule varias preguntas: – ¿Por qué hoy en día, en los Maristas La Inmaculada invitan a marcharse (expulsan) a los alumnos que según ellos no llegan a un cierto nivel?. ¿Son una escuela concertada (pagada con dinero público) o un club elitista?. ¿Por qué en la escuela Marillac o en otras, reciben cada año a exalumnos de Maristas que no han “podido” seguir?. ¿Es legal que un colegio concertado se quite de encima alumnos que no llegan a un cierto nivel?.

Soy consciente de los nombres que recuerdo y que cito, no tengo miedo pues la verdad es la verdad y soy perfectamente consciente de lo que digo. Por fortuna y debido a mi profesión, tengo muy buena memoria y puedo asegurar que todo lo que he expongo es cierto. Poco a poco van apareciendo mas testigos de unos hechos lamentables que se toleraron y se toleran, tanto a nivel de cuerpo docente como de muchos padres que miraban para otro lado. Lo que no está bien, no está bien y ahora, con mas de 40 años, descubro mas y mas detalles que me hacen reflexionar sobre el miedo, la dependencia, la necesidad de sentirme querido y muchas mas secuelas que seguro que nos han dejado los bondadosos hermanos Maristas. La tortura, el daño psicológico y los malos tratos en general, en muchos casos son irreparables; estos detalles seguro que los hermanos C, D, B o F…no los tuvieron en cuenta en su momento. Hay muchas cosas que hoy en día, vistas desde la perspectiva y la madurez que nos aporta el tiempo, me producen no solo rechazo, sino auténtico asco y una de ellas es la mala praxis de los Maristas. Se que no puedo ni debo generalizar,  pero visto el panorama, creo que alguien muy arriba se ha dedicado a tapar, a callar, a esconder, a encubrir…y eso no solo hace mucho daño, sino que es ilegal. Somos muchos los alumnos que no buscamos venganza, pero si justicia y que salga a la luz la mala praxis de una institución fundada por Marcelino Champagnat, alguien que por cierto, decidió fundar los Maristas tras observar la violencia física de los profesores en una clase. Ahora tengo claro que en los Maristas “El club de los poetas muertos” sería considerada una película prohibida.

 

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12 Responses to Yo también fui un alumno maltratado por los Maristas

  1. Me trae recuerdos de los años 50, todavía mucho peor que en los 80, pero es que la educación no ha cambiado tanto en los centros religiosos.

  2. Dani dice:

    ¿Qué quieres que te diga?, yo puedo añadir algunas anécdotas que recuerdo en mis propias carnes:
    – Que “El Chino”, no recuerdo su nombre, me llevara a una clase “de mayores” y me sentara en la mesa del profesor para luego decir a los alumnos…”Os lo he traído porque vamos a dedicar la clase de hoy a que podáis meteros con él”
    – Que cuando mi padre en una reunión de padres dijera “hasta ahora he podido ayudar a mi hijo, pero mi educación es básica y hay muchas cosas en las que ya no podré ayudarle, ¿qué ayudas me ofrece el colegio?” recibiera como respuesta “hay una cosa que se llama enciclopedias” no me parece muy normal.
    – Tengo la (¿mala?) suerte de ser bajito y que un día en clase me llamaran a la pizarra, y de camino hacia ella el profesor soltara “Ay no!, ¡vuelve!, que no me acordaba que no llegas a ella”
    – Ese gran momento en que vas al Porky con la nariz sangrando y le dices “profe, me han pegado”, y su respuesta sea “tranquilo, juegan contigo”
    – Evidentemente, los borradores volando hacia mi cabeza, que un profesor me partiera una regla en la cabeza, los castigos sin poder asegurar que tú seas el culpable…
    – O una de mis favoritas, más aún que tengo una carrera sacada en los 4 años previstos. Ese gran día en que empecé a ser feliz cuando el sr Castrillo dijo a mis padres “Su hijo no puede seguir en este colegio porque no tiene nivel. Lo mejor que pueden hacer es ponerle a trabajar o que estudie una profesión, porque creemos que tiene algún tipo de retraso mental”.

  3. uriol dice:

    Yo fui a otro cole en esos años. No era religioso y era mixto. Había maestros antiguos con métodos franquistas y se asemeja a la descripción que se hace. Maestros buenos, otors no tanto y otors muy malos y maltratadores. En la escuela pública era aún peor.
    Creo que es un reflejo de nuestra transición a un país más moderno, que no fue de la noche a la mañana.
    Y en eses centro las cosas han cambiado bastante, igual que el que yo fui.

  4. tato dice:

    Yo tambien tuve a todos esos profesores y nunca me pareció tan grave como cuentas. Y también fui castigado algún sábado, debo decir que merecidamente, el porky era el único que ponía un poco de orden en los recreos, que a veces parecían auténticas batallas campales.

  5. Capitán Trueno dice:

    Efectivamente el “Porky” acabó en los Maristas Rubí, pero nosotros le pusimos de mote “el mono” por su aspecto de mandril africano.

    Yo lo tuve a entrados de los 90, también en séptimo y octavo de E.G.B….. en nuestro caso profesor de matemáticas, religión y ciencias naturales.

    El recuerdo que guardo de él no es de miedo, en cierto modo y por lo que he hablado muchas veces con mis compis de clase lo considerábamos como una persona estrafalaria…..parecía sacado de un sketch de muchachada nui o la hora chanante. Nosotros en cierto modo nos “reíamos” de él por lo freak y bizarro que era.

    Por lo que he leído el protocolo de las apuntaciones y lo de quedarte los sábados lo siguió haciendo en Rubí. En nuestro caso llevaba un libretilla y un boli característico con el que te apuntaba con una “apuntación” al estilo John Wayne….a la tercera te hacia escribir 7 folios por delante y por detrás, si eras reincidente te tocaban 14 folios y si finalmente reincidías por 3 vez con las dichosas 3 apuntaciones te tocaba ir un sábado por la mañana.

    El sistema que usaba fue evolucionando hasta llegar un año a hacer los “compromisos” en los cuales te comprometías por escrito cual testamento a ser un alumno ejemplar, si se rompía el compromiso te tocaba un castigo.

    Lo de las definiciones que has dicho lo llamaba la “hora b”, que consitía en soltar de carrerilla y de memoria definiciones matemáticas los martes por la tarde….también con castigo incluido si no las sabias.

    Lo mas grave que recuerdo es que al ser profesor de ciencias naturales teníamos con él una asignatura de laboratorio y nos hacia pipetear ácido clorhídrico con la boca, visto desde un crío de séptimo nos hacia gracia y nos reíamos incluso de él cuando pipeteaba pero mirándolo en perspectiva más madura es una macarrada en toda regla. Otro día hizo un experimento en el laboratorio y le explotó en la cara cual profesor Bacterio de Mortadelo y Filemón, todo un show…..

    Mi quinta acabo la E.G.B en el 95-96 así que le perdimos la pista como profesor pero siguió en los Maristas Rubí durante la década del 2000, al final según me dijeron no hacia clases ya…lo tenían como bedel.

    Creo que actualmente ya está en retirado no sé si Llinars o les Avellanes…

    Así que como ves para nosotros por suerte no consiguió imprimir miedo al alumnado como hizo en la Immaculada, sino todo lo contrario, un personaje freak y cómico en toda regla.

  6. Pere dice:

    Claro que sí, Víctor. Yo guardo un gran recuerdo de Emilio Pérez y también de Sotero de Vega. Del que no guardo un buen recuerdo es de Angel Benedé: Siempre estaba golpeando, insultando y humillando a los compañeros. Nos llevamos más de una bofetada y de un golpe de borrador (por la parte de la madera). Has retratado muy bien el ambiente que había en los maristas de aquella época.

    Saludos.

  7. Joan dice:

    Estimado compañero, despues de leer tus recuerdos….. Me has trasladado a mi niñez, como tu soy antiguo alumno de maristas de rubi y como tu tuve muy buenos profesores hermanos y como tu también tube que soportar a otros personajes como el que apodabamos el “cuervo” que golpeando con su regla y sus nudillos las cabezas de unos niños inocentes por la unica razon de liberar sus fustraciones. Y de….. Pe……. Que disfrutaba haciendo tocamientos a las niñas que por aquel entonces hacian mecanografía en el centro…… Te felicito y espero que esto sirva para que nuestros hijos se libren de estos indeseables.

  8. Rector dice:

    ¿Alfonso Guerra no sería en verdad José Vicente Guerra?

  9. Rector dice:

    Permítame otras puntualizaciones: a mí me impartieron clases regulares de catalán en ese colegio desde el curso 80-81 (ese año tuve a un excelente profesor, el hermano Jaume Vidal). Vicente Barona creo que se escribía Varona. Y los sábados (yo fui unos cuantos) no es cierto que tuviéramos que estar las cinco horas en pie (hablo de mi época, aunque lo cierto es que soy solo cinco años mayor que el autor del artículo, así que coincidimos siete de los ocho años que pasó en ese colegio). Uno llevaba un libro de texto (el que quisiera), le señalaba una lección al hermano Farré y tenía una hora para estudiarla y recitarla. Si lo hacía, permanecía sentado. Si no, tenía que seguir estudiando de pie hasta que la recitaba. Entonces podía sentarse y así sucesivamente. Yo de hecho, aprovechaba para estudiar y pasaba la mañana tranquilamente sentado. Además, juraría que solo pasábamos cuatro horas, de 9:00 a 13:00, en esa aula (primera planta, al lado de las escaleras centrales, diría que era el aula 37), aunque esto tampoco podría jurarlo.

    Por otro lado, es sorprendente la disparidad de nuestros recuerdos. Yo conocí a todos los profesores aquí citados y de casi todos tengo recuerdos distintos. Emilio Pérez Iscla, por ejemplo, mi tutor de tercero durante el curso 78-79, nunca fue santo de mi devoción. Me parecía un cursi (se consideraba a sí mismo un poeta y no paraba de improvisar ripios en clase) sin demasiada inteligencia. Ni tampoco el hermano Paulino. Increíblemente, del hermano Gabriel Farré guardo un gratísimo recuerdo. Y si he de ser fiel a la verdad, debería añadir que uno de los gestos de mayor nobleza y generosidad en los doce años que pasé en el colegio se lo debo a él (en la primera mitad de 1987). Con esto no pretendo insinuar que el autor de esta crónica esté inventándose los hechos, ni mucho menos, sino poner de manifiesto hasta qué punto un mismo profesor –profesión, que dicho sea de paso, ejerzo hace 22 años– puede resultar excelente para un estudiante y horrible para otro. Y de hecho, he consultado con algunos condiscípulos y en general todos guardan un buen recuerdo de él, a pesar de su indudable severidad.

    Mi mayor reproche a la institución está referido en la crónica: los malos ratos que nos hizo pasar el profesor de natación, que efectivamente era un alcohólico. Para mí la llegada de Manolo Suárez (un tipo a quien yo siempre he atribuido un excelente sentido del humor) fue una bendición, aunque solo pude aprovecharme de ella un año (el curso 86-87 en que cursaba 3º de BUP). Pero en general mis recuerdos son excelentes, lo mismo que para la mayoría de mis compañeros. Y tampoco tuve nunca la sensación de que se trataba de un centro elitista, aunque en este punto he de admitir que algún amigo siempre me ha calificado de miope por culpa, fundamentalmente, de que yo era buen estudiante y nunca tuve que preocuparme de eso. En todo caso, mi hermano, un año menor que yo, era un verdadero coleccionista de suspensos y tampoco recibió nunca un trato vejatorio.

    Fianlmente, y a pesar de la divergencia de nuestros juicios, agradezco al autor de esta crónica su ecuanimidad. En comparación con toda la basura que he tenido que leer estos días en la prensa, me parece un ejemplo de rectitud (o buena fe) y honradez.

  10. Rector dice:

    Permítame unas puntualizaciones. Entiendo que cuando el autor se refiere al profesor de dinámica como Alfonso Guerra, comete un desliz, ya que su nombre era José Vicente Guerra, natural de Medina de Rioseco. Por otro lado, a mí me impartieron clases regulares de catalán en ese colegio desde el curso 80-81 (ese año tuve a un excelente profesor, el hermano Jaume Vidal). Vicente Barona creo que se escribía Varona. Y yo no recuerdo a ningún Felipe Buendía sino a Felipe María Alonso. Pero quizás con el primero no coincidí.

    Los sábados (yo fui unos cuantos) no es cierto que tuviéramos que estar las cinco horas en pie (hablo de mi época, aunque lo cierto es que soy solo cinco años mayor que el autor del artículo, así que coincidimos siete de los ocho años que pasó en ese colegio, desde el curso 81-82 hasta el 87-88). Uno llevaba un libro de texto (el que quisiera), le señalaba una lección al hermano Farré y tenía una hora para estudiarla y recitarla. Si lo hacía, permanecía sentado. Si no, tenía que seguir estudiando de pie hasta que la recitaba. Entonces podía sentarse y así sucesivamente. Yo, de hecho, aprovechaba para estudiar y pasaba la mañana tranquilamente sentado. Además, hubiera dicho que solo pasábamos cuatro horas, de 9:00 a 13:00, en esa aula (primera planta, al lado de las escaleras centrales, creo que era el aula 37), pero esto no podría jurarlo.

    Por otro lado, es sorprendente la disparidad de nuestros recuerdos. Yo conocí a todos los profesores aquí citados y de casi todos tengo recuerdos distintos. Emilio Pérez Iscla, por ejemplo, mi tutor de tercero durante el curso 78-79, nunca fue santo de mi devoción. Me parecía un cursi (se consideraba a sí mismo un poeta y no paraba de improvisar ripios en clase) sin demasiada inteligencia. Ni tampoco el hermano Paulino. Increíblemente, del hermano Gabriel Farré guardo un gratísimo recuerdo. Y si he de ser fiel a la verdad, debería añadir que uno de los gestos de mayor nobleza y generosidad en los doce años que pasé en el colegio se lo debo a él (a final del curso 86-87). Con esto no pretendo insinuar que el autor de esta crónica esté inventándose los hechos, ni mucho menos, sino poner de manifiesto hasta qué punto un mismo profesor –profesión, que dicho sea de paso, ejerzo hace 22 años– puede resultar excelente para un estudiante y horrible para otro. Y de hecho, he consultado con algunos condiscípulos y en general todos guardan un buen recuerdo de él, a pesar de su indudable severidad.

    Mi mayor reproche a la institución está referido en la crónica: los malos ratos que nos hizo pasar el profesor de natación, que efectivamente era un alcohólico. Para mí la llegada de Manolo Suárez (un tipo a quien yo siempre he atribuido un excelente sentido del humor, por mucho que no se prodigara en sonrisas con los alumnos) fue una bendición, aunque solo pude aprovecharme de ella un año (el curso 86-87 en que estudiaba 3º de BUP). Pero en general mis recuerdos son excelentes, lo mismo que para la mayoría de mis compañeros. Y tampoco tuve nunca la sensación de que se tratara de un centro elitista, aunque en este punto he de admitir que algún amigo siempre me ha calificado de miope por culpa, fundamentalmente, de que yo era buen estudiante y nunca tuve que preocuparme de eso. En todo caso, mi hermano, un año menor que yo, era un consumado coleccionista de suspensos y tampoco recibió nunca un trato discriminatorio.

    Finalmente, y a pesar de la divergencia de nuestros juicios, agradezco al autor de esta crónica su ecuanimidad. En comparación con toda la basura que he tenido que leer estos días en la prensa, me parece un ejemplo de rectitud (o buena fe) y honradez.

  11. Rector dice:

    He de rectificar un punto del anterior comentario y es que he comprobado revisando los anuarios que Felipe Buendía fue en efecto profesor de los maristas, aunque yo no coincidí con él.

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