La codicia del Oro, Cinco días, un verano y K-2

Este año, tres magníficas películas de montaña se visten de largo para celebrar sus respectivos aniversarios de su estreno en España. Son tres títulos totalmente distintos que comparten un denominador común: las relaciones humanas en alta montaña. Hace exactamente 80, 30 y 20 años se estrenaban a nivel internacional La Codicia del Oro, Cinco dias, un verano y K2.

La codicia del Oro

La codicia del oro (1932), originalmente estrenada como Le Glacier Doré (francés) y Die Herrgottsgrenadiere (alemán), es una coproducción suizo-germana dirigida por el alemán Anton Kutter y protagonizada por Gustav Diessl, Beni Führer y Franziska Bloetzer. Ambientada en el Lötchental, un idílico valle suizos situado entre el Valais y el Berner Oberland, la película nos muestra la llegada de la especulación y la codicia a los pequeños valles alpinos. Los humildes y honrados habitantes del Lötschental, serán engañados por unos usureros con pocos escrúpulos que, utilizando el reclamo del oro que dicen haber encontrado en sus tierras, se apropiarán del dinero de los lugareños. Los estafadores desconocen que la montaña imparte justicia inexorablemente y no tardarán en pagar sus pecados de forma dramática. Anton Kutter imprime su sello personal a la película, mostrando la montaña como un personaje mas, sin olvidar algo muy presente en el cine de montaña de la época: el retrato costumbrista, donde los personajes se muestran con detalle, situándolos en su ambiente, rodeados de un paisaje majestuoso.

La Codicia del Oro

Con el paso del tiempo, críticos e historiadores han reconocido la importancia de la película a nivel histórico y geográfico, destacando su magnífica fotografía, a cargo de los especialista en cine de montaña Otto Martini y Gastav Weis. El filme cuenta como reclamo con el carisma y las tablas del actor austríaco Gustav Diessl, protagonista del gran clásico El Infierno Blanco del Piz Pälu (1929), quien se había convertido en una de las grandes estrellas del cine alemán junto con Leni Riefenstahl y Luis Trenker. La codicia del oro, cuyo guión resulta muy actual, llegó a estrenarse en España (con cierto retraso) y obtuvo buenas críticas en la prensa de la época, demostrando que antaño, el cine de montaña tenia una mayor aceptación por parte de las distribuidoras nacionales.

 

Cinco días, un verano

La segunda película que nos implica, Cinco días, un verano (1982) se ha convertido en un clásico del cine de montaña por varios motivos. Para empezar, tenemos un triángulo amoroso con algo de escándalo incluido que se utilizará la montaña como vía de escape para sus frustaciones personales. Por otro lado el director del filme es Fred Zinnemann, director de Solo ante el peligro  (1952) o De aquí a la eternidad (1953), obras maestras de la historia del cine. Cinco días, un verano fue el último filme dirigido por Zinnemann y en la película su impronta se deja ver a lo largo de todo el metraje, apoyado en todo momento por el grandísimo director de fotografía Giuseppe Rotunno. Si bien el ritmo puede que sea excesivamente lento para un filme de montaña, el aire romántico, nostálgico y victimista que envuelve a los personajes necesita de una cadencia algo mas lenta de lo habitual. El trío protagonista cumple a la perfección con su cometido, destacando un el papel de un Sean Connery imponente, acompañado por un joven actor francés que actualmente se ha convertido en toda una estrella internacional, Lambert Wilson y por Betsy Brantley, una buena actriz que actualmente está bastante alejada del mundo del cine. El guión nos situa en 1932 y se inicia con la llegada de Douglas, un médico escocés, al cantón del Graubünden (Suiza), alojándose en un hotel junto a su atractiva pareja, la joven Kate. Douglas tiene la intención de iniciar a su esposa en el maravilloso mundo del alpinismo, no obstante, a medida que avanza la acción, la melancolía y un cierto aire de tristeza invaden a la pareja y el espectador descubre, a través de varios flashbacks, que Kate no es la esposa de Douglas y que este está casado. La aparición de un joven guía llamado Johann complicará la situación, pues los tres solos, rodeados de cumbres, tendrán que enfrentarse a sus miedos y a su pasado, llegando a un clímax en el que Douglas y Johann se verán las caras durante una complicada ascensión en la que Kate no participa. El drama está servido.

Cinco días, un verano

La película aguanta con dignidad el paso del tiempo, y refleja con precisión el estilo y la forma de escalar de los años treinta. Zinnemann, como buen maestro, domina la dirección de actores, aunque si que es cierto que en ocasiones, roza peligrosamente el exceso de romanticismo. No obstante, las escenas rodadas en alta montaña son excelentes y una vez mas, Norman Dyhrenfurth vuelve a demostrar que era uno de los mejores organizando rodajes en altitud. No fue un gran éxito de taquilla no tanto debido a su exceso de romanticismo sino por competir en taquilla con dos maravillas: E.T de Spilberg y Ghandi de R. Attenborough.

 

K2

El director británico Frank Roddam, responsable de la experimental y más que interesante Quadrophenia (1979), fue el encargado de dirigir esta historia de amistad y superación personal basada en una interesante (y muy curiosa) pieza teatral escrita por Patrick Meyers, adaptada como guión cinematográfico por el propio Meyers con la ayuda de Scott Roberts. El núcleo central de la obra de teatro era la obsesión por la escalada del K2, narrada desde el punto de vista de dos compañeros de cordada que si bien compartían su pasión por el alpinismo, a nivel personal su antagonismo se reflejaba en multitud de situaciones. La obra teatral se centraba en los personajes de Taylor y Harold, desarrollando una historia mucho mas dramática que la película, incluyendo un trágico final que se cambió por completo en el guión de la película. No obstante, teatro y cine comparten un hilo argumental común: la relación de profunda amistad que une a los dos protagonistas. Durante una escalada en Alaska, colgados de una pared de roca, Taylor y Harold conocerán a Phillip Clairbone, multimillonario escalador que prepara una expedición al Himalaya. Un desafortunado accidente causa la muerte de dos miembros del equipo de Clairbone (la película nos muestra como se debe plantar una tienda en medio de un nevero, puede parecer absurdo pero la escena tiene su lógica). El desafortunado suceso  abre las puertas del K2 a Taylor (Michael Biehn) y a Harold (Matt Craven) y estos no se lo piensan dos veces y parten hacia el Karakorum (Pakistan). Tras contemplar con sus propios ojos la magnífica pirámide del K2, “la montaña asesina”, Harold empieza a dudar  de sus posibilidades (su esposa estaba en contra de la ascensión) y Taylor se erige como el motor que mueve sus piernas. Durante la subida, Phillip será evacuado con edema pulmonar y tras varias discusiones, Taylor y Harold iniciaran juntos el ataque final a la cumbre. Durante el descenso, el destino les obligará a luchar juntos por su vida y es en este punto donde reside gran parte de la fuerza de la película.

K2

A nivel técnico, K2 cuenta con un elenco de especialistas de primer nivel donde destaca el nombre de Barry Blanchard, responsable de la seguridad de los especialistas en títulos como “Máximo Riesgo” (“Cliffhanger” 1993), “El Desafío” (“The Edge”, 1997), “Límite Vertical” (“Vertical Límit”, 2000) o “Death on Everest” (2003). Junto a Barry Blanchard merecen ser destacados Meagan Routley, Dan Redford, Bruce Kay y Tom Herbert que doblaron a los protagonistas en las escenas de riesgo en alta montaña. Podríamos situar  K2 justo en la frontera entre lo que conocemos como el cine comercial destinado al gran público y el cine deportivo propio de minorías exigentes que no perdonan ni un error. Una última curiosidad: aunque el cine de montaña no suele llegar a nuestras pantallas con la regularidad que fuera deseable, los tres títulos que detallamos en estas páginas se estrenaron en nuestro país con buenas campañas de promoción, algo excepcional si tenemos en cuenta que el nuestro es uno de los países de Europa donde menos cine de montaña se estrena en pantalla grande.

Víctor Riverola i Morera

 

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