Escocia y el futuro

Escocia vive un momento único en su historia. Siempre me ha parecido una tierra fascinante, llena de montañas, lagos, ríos…de paisajes y de gente fascinante, y ahora, Escocia se enfrenta al futuro, tras un largo proceso que se inició, mas o menos, tras el descubrimiento de los mayores yacimientos petrolíferos de Europa. A partir de aquel momento, Escocia recuperó su posición en el mapa económico internacional, tras una etapa de cierta “decadencia” económica, donde los escoceses veían como su país perdía potencia. No fue hasta el regreso de los laboristas a Downing Street en 1997, cuando Escocia volvió a hacerse escuchar, la llamada devolution (el traspaso de competencias a Edimburgo) llegó dos años después.

“El Parlamento nos va a mostrar el camino. Tarde o temprano, tendremos la independencia, sentenció, eufórico, el líder del SNP, el hoy primer ministro escocés Alex SaImond. Escocia recuperó parte de sus antiguos poderes (sanidad, educación, agricultura y justicia) así como el Parlamento de Holyrood. Westminster mantiene el control sobre política exterior, defensa, seguridad social, inmigración y recaudación fiscal, entre otros ámbitos. En un país que aún vive de las leyendas de Robert The Bruce y William Wallace, la victoria del independentista Salmond en las elecciones de 2007 supuso un revuelo para la política británica. La prensa lo bautizó como “Rey de Escocia” tras ganar con 47 escaños de un total de 129. Presidir un Gobierno en minoría con el apoyo del Partido Verde Escocés, le permitió aprobar un puñado de proyectos de ley. Sin embargo, se granjeó la simpatía con sus políticas sociales, como la reducción del coste de las medicinas, la gratuidad del transporte para los jubilados o la supresión de los peajes, en una región donde la educación universitaria es gratuita.

Alex Salmond

Del pro-europeo Salmond, se dice que es el Ronald Reagan escocés por su contagioso optimismo. El referendum del día 18 es un acontecimiento con gran valor simbólico para los independentistas, pues plantea la separación amistosa de Inglaterra. Sin embargo, la oposición en bloque de los partidos a favor de la continuidad de la Unión—laboristas, conservadores y liberales demócratas—complica una independencia que de momento, ya seduce a la mitad de los escoceses, aumentando el número de independentistas desde hace unos cinco años. En cualquier caso. Salmond ya ha logrado que todos acepten que ha llegado la hora de revisar las competencias del Parlamento Escocés de Hoiyrood y ha vuelto a colocar a Escocia en los medios de comunicación de todo el planeta. Gane el si o gane el no, Salmond se muestra muy satisfecho del talante democrático de David Cameron y celebra que se celebre un referendum.

Amado y odiado, Alex Salmond, es descrito como un político audaz, provocador, exigente, perseverante y que podría pasar a los libros de historia como el líder de la independencia de esta región. El líder del Partido Nacional Escocés (SNP) comenzó a absorber la historia de Escocia de la mano de su abuelo, un gásfiter e historiador amateur. “Mi abuelo tenía un fuerte amor por la igualdad y era un gran admirador del poeta Robert Burns”, dijo al diario The New York Times. “Me dijo cómo las cosas deberían ser más que cómo eran”, añadió. Salmond vino al mundo el último día del año 1954 en Linlithgow, población situada a unos 30 kilómetros al oeste de Edimburgo, en un hogar de clase media, sin grandes lujos pero sin pasar hambre durante la posguerra. Gracias a su buen desempeño escolar, pudo estudiar Historia Medieval y Economía en la prestigiosa Universidad de St. Andrews, el mismo centro de enseñanza que años después tuvo en sus aulas al príncipe Guillermo.

Recién graduado, el joven Alex fue reclutado por el Scottish Office, el departamento del gobierno británico que se encarga de la administración de Escocia, para su área de Agricultura y Pesca, y en 1980 entró a trabajar como economista en el Royal Bank of Scotland, donde se especializó en el análisis del mercado del petróleo del mar del Norte, cuya ganancia por la extracción de hidrocarburos es el pilar de sus argumentos para conseguir la independencia de Reino Unido. A su juicio, Escocia sería uno de los países más ricos del mundo si logra independizarse, pues tendría un PIB per cápita de US$ 39.642.

Glasgow

No fue sino hasta que el SNP consiguió una mayoría parlamentaria en 2011, con 45% de los sufragios y 69 escaños, que el líder nacionalista inició su campaña real por la independencia de Escocia. Según la cadena BBC, en su primer mandato, (iniciado tal y como comentamos en 2007), no presentó un proyecto para una consulta “porque carecía de los votos necesarios en Holyrood. Pero en noviembre de 2013, lo tuvo claro y presentó el “libro blanco” de la independencia, donde señaló que el nuevo país independiente mantendrá la libra, a la reina Isabel II como jefa de Estado y que el sueldo mínimo aumentará. “La mayoría de los escoceses no quieren ir hacia atrás. Somos una nación rica, gente con recursos, podemos crear una nación más poderosa y una nación más justa. Es nuestro momento”, señaló Salmond en el último debate en televisión en verano.

Una muestra de su audacia lo encontramos en julio de 2013, cuando el tenista de origen escocés Andy Murray ganó Wimbledon. Salmond, sentado en la gradería, no dudó en sacar la bandera escocesa, molestando a quienes consideraban el campeonato como un evento británico. “La Saltire es nuestra bandera nacional y Andy (Murray) es un fantástico deportista escocés. Cualquiera tiene el derecho de hacer flamear la bandera nacional, es una gran forma de celebrar este triunfo”, dijo entonces con orgullo. Salmond no solo utiliza el deporte, también valora el turismo y las comunicaciones, y ha luchado contra viento y marea para mantener las infraestructuras escocesas en  buen estado. Hoy, incluso el pequeño aeropuerto de Prestwick, a unos 50km de Glasgow, tiene su propia estación de ferrocarril, a cinco minutos de la terminal de llegadas.

Prestwick airport

Mantener Escocia comunicada con el mundo es una prioridad, así como la potenciación de festivales artísticos que coloquen a Glasgow y Edimburgo en las principales agendas culturales de Europa y del mundo.

Dentro de Escocia, la mayoría de medios de comunicación analizan la independencia primero desde un punto de vista económico, destacando los recursos y el posicionamiento geoestratégico en el Mar del Norte. Y luego, analizan los símbolos nacionales, destacando la identidad escocesa y la lengua. En Escocia ha aumentado la unión social contra la creciente centralización del poder inglés en Londres. El SNP monopoliza el nacionalismo en el plano político, porque sus principales rivales son unionistas. ¿Su objetivo final? derogar el acta de la Unión de 1707, para crear un Estado escocés que dejaría intacta la unión de las coronas inglesa y escocesa (establecida en 1603) y formaría parte de la Unión Europea con una presencia de unos catorce diputados en Estrasburgo.

El SNP defiende que Escocia viviría mucho mejor si fuera independiente. Dejando a un lado el turismo, los deportes de montaña (Escocia es un destino de montaña de renombre internacional), los grandes rodajes de cine y televisión, las destilerías y la marca Escocia como tal…que aportan buenos ingresos, el SNP basa sus argumentos para llegar a la independencia principalmente en dos razones de peso: la fiscalidad y el petróleo del mar del Norte. Alex Salmond aspira a implantar en Escocia un régimen fiscal como el de Irlanda, con un tipo de impuesto de sociedades que atraiga grandes inversiones extranjeras. Defiende que sería posible gracias al dinero del petróleo, cuyas espectaculares recaudaciones (casi 10.000 millones de libras esterlinas en 2008 y 2009) no se quedan en Escocia, sino que van a parar a Londres. El plan de Salmond tiene, en cualquier caso, dos obstáculos: la crisis económica y el agotamiento de las reservas de petróleo. Quedan gas y crudo para apenas veinte años y nadie niega que la recesión ha golpeado duramente las instituciones financieras de Edimburgo. Los escoceses han presenciado cómo los británicos, con sus impuestos, rescataban dos emblemáticos bancos: el Royal Bank of Scotland y el Halífax Bank of Scotand. Una parte de la población afirma que una Escocia independiente no se hubiera podido permitir 10533.500 millones de libras que costaron ambas inyecciones de capital, pues sobrepasan el presupuesto del Gobierno escocés, 31.300 millones. Según parece, los gloriosos días del Reino Unido como mayor productor europeo de petróleo llegan a su fin. Desde la cúspide de 1999, la producción ha caído un 40% y varios expertos consultados creen que quedan menos de mil millones de toneladas de crudo.

Glasgow

Recientemente pude comprobar en persona, tanto en Glasgow como en Edimburgo, así como en varias poblaciones cercanas, como la población está viviendo la convocatoria del referéndum independentista. Existen opiniones para todos los gustos, pero la mas generalizada es que por fin los escoceses pueden expresarse, salga el resultado que salga. Se habla de petróleo, de turismo, de alcohol, de gestión de recursos, de sentimiento patriótico, de cultura, de tradiciones, pero sobre todo, en la calle se habla de calidad de vida, algo que los unionistas defienden como un logro debido a la buena relación Londres. Otros son mas pesimistas y niegan que exista buena relación con Londres, mostrándose beligerantes con Cameron y la Reina. La mayoría defiende su propia moneda y se ofenden cuando en la city de Londres realizan comentarios irónicos sobre el famoso acento escocés.

Nadie puede negar que siete años después de la llegada al poder de Alex Salmond lo ha logrado, y el próximo 18 de septiembre se llevará a cabo la consulta sobre la separación de Escocia del Reino Unido, tras una unión que ha durado más de 300 años. Con la perseverancia que lo caracteriza, Alex Salmond ha conseguido en un año lo que parecía imposible: imponerse en las encuestas, aunque por muy poco margen. Lo demostró un sondeo realizado por YouGov, en el que el “sí” a la separación se impuso por un 51% de la intención de voto, frente al 49% del “no”. Sólo hace un mes, esta última opción lideraba los sondeos, con un 61%, y el “sí” tenía apenas 39%. Poco a poco, la población va cambiando de opinión, puede que gracias al discurso optimista de Salmond, a las palabras de la Reina, afirmando que se mantiene al margen y que no quiere interferir en el proceso o al buen momento que viven las Highlands y ciudades tan importantes como son Glasgow y Edimburgo, que reciben un elevado flujo de viajeros gracias a sus tres aeropuertos.

La población tiene la palabra, como debe ser en una democracia madura y participativa. Lástima que en otros países tengan tanto miedo.

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One Response to Ante todo, democracia

  1. Democracia madura y participativa, que envidia. ¿La tendremos alguna vez?
    Felicidades por la entrada Victor

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