Un paseo por Zermatt con Carme Ruscalleda y Víctor Riverola

Un placer contar con la colaboración de la prestigiosa chef Carme Ruscalleda, excelente profesional y grandísima persona. Su ayuda fue de vital importancia a la hora de escribir nuestros libros sobre Suiza y el cantón del Valais.

Carme Ruscalleda y Víctor Riverola i Morera

Las imágenes más típicas de Suiza son, sin lugar a dudas, montañas nevadas, prados verdes, riachuelos cristalinos, bosques de abetos, lagos de ensueño, vacas con enormes cencerros pastando, cabañas y trenes como si hubieran salido de un cuento infantil, espectaculares quesos, chocolates divinos, vinos particulares y relojes con pedigrí, todo ello envuelto en una poética película de fondo con ágiles esquiadores en un entorno bucólico y paradisíaco. Visité Suiza por primera vez a principios de los años ochenta, conjuntamente con mi marido, y quedé enormemente prendada del orden que se respiraba en el ambiente, como si las calles y las carreteras, además de barridas, estuvieran terminadas «a pincel» como en una escenografía teatral. Sorprendida quedé cuando en un país de tan bajas temperaturas, los jardines públicos son floridos y las casas particulares lucen macetas espectaculares. A Suiza no me llevaron las ansias de esquiar. Pertenezco al grupo de mortales para quienes el esquí se quedó en la lista de intenciones. En mi época escolar, la visita a las estaciones de esquí no estaba aún contemplada, y los de mi generación que practicaban este bello deporte pertenecían a un grupo social muy elevado. El motivo del viaje fue principalmente provocado por el puro placer gastronómico, en pro del descubrimiento de una cultura gastronómica muy distinta a la nuestra mediterránea. Por aquel entonces, mi marido y yo no habíamos sentido aún la inspiración, la fuerza y la seguridad para crear el restaurante Sant Pau en Sant Pol de Mar, pero ya trabajábamos y dirigíamos un pequeño equipo humano en una tienda de alimentación con estilo y carácter delicatessen en el mismo pueblo de Sant Pol. De hecho, la tienda fue claramente el embrión del restaurante Sant Pau. Acompañamos a Suiza a un grupo de amigos vinculados, como nosotros mismos, al mundo de la gastronomía. La expedición era una mezcla ecléctica de gourmets: empresarios hoteleros, turísticos, publicitarios, docentes, elaboradores de alcoholes y nosotros dos, principalmente charcuteros. Todo el grupo viajaba con un solo objetivo: descubrir los manjares suizos en vivo y en directo. Comenzamos nuestra lista gastronómica con un viaje hasta Crissier (Vaud) para sentarnos en la mesa del, por aquel entonces, reconocido como el mejor cocinero del mundo, Fredy Girardet, un chef que nos motivaría muchos viajes más, y continuamos después ruta hacia el centro y el norte suizo. En nuestro primer viaje visitamos los viñedos de las colinas del lago Lemán, la prestigiosa escuela de cocina de Lausanne y más tarde presenciamos la elaboración del queso Gruyère. A lo largo de la ruta gastronómica descubrimos quesos suizos como el Vacherin Mont d’Or o el Tête du Moine o la raclette fundida directamente frente a una cálida chimenea en un chalé suizo con unos panes espectaculares, cebollitas y pepinillos encurtidos y patatas asadas. Durante estos días pudimos visitar unas tiendas de charcutería impecables, con secciones de cocina para llevar de una calidad altísima. Además de los restaurantes de cocina creativa, disfrutamos de los establecimientos de cocina tradicional y nos enamoramos de las fondues, los rösti, los pescados de río, los especiales salchichones curados, los fiambres cocidos maravillosos, los vinos excepcionales y las cervezas excelentes. La calidad de las materias suizas, la organización de los establecimientos y las atenciones de los profesionales calaron hondamente en nuestras mentes, que ya estaban seguramente, sin darnos cuenta, madurando la idea de crear un establecimiento gastronómico a la orilla del Mediterráneo.

Carme Ruscalleda. Única chef con 7 estrellas Michelin (3 en Sant Pol de Mar, 2 en Barcelona y 2 en Tokio)

Matterhorn

 

Esquiar todo el año

El clima que rodea Zermatt es único en los Alpes; considerado como submediterráneo, todo el valle posee una especie de microclima que facilita los cambios bruscos de temperatura. Aunque no sea una de las poblaciones con una mayor innvación de los Alpes (el Tirol y otros valles suizos reciben más nieve que Zermatt), las nevadas suelen iniciarse en noviembre, aunque no es extraño ver nevar en el pueblo en septiembre y en octubre. La nieve suele desaparecer de las calles a finales de abril, quedando siempre algún nevero hasta mediados de mayo. Las nevadas en verano a partir de los 2.700-3.000 m son habituales y nunca está de más llevar una buena prenda de abrigo en la mochila hasta en agosto, pues las temperaturas pueden bajar considerablemente de un día para otro. Zermatt es la estación de esquí más alta de Europa y la que ofrece en verano un mayor dominio esquiable. Mantiene abiertas sus instalaciones para la práctica del esquí los 365 días del año, siempre que las condiciones meteorológicas y la calidad de la nieve lo permitan, ofreciendo un dominio esquiable unido a Cervinia y Valtournenche de 350 km.

Zermatt Ski

En verano, desde primera hora de la mañana, los alpinistas que desean realizar una travesía o ascensión suelen cruzarse con esquiadores y turistas en las taquillas de los remontes mecánicos, creando un interesante collage humano que persigue un mismo objetivo: disfrutar de las montañas. La estación de esquí se divide en tres zonas conectadas entre sí: Sunnegga y Rothorn Paradise, Riffelberg y Gornergrat, y por último, Schwarzsee y el Matterhorn Glacier Paradise. En verano, el glaciar Theodul mantiene abierto un desnivel esquiable de hasta 960 m, desde la cumbre de la Gobba di Rollin (3.899 m) hasta Trockener Steg (2.939 m). La mejor nieve en verano la podemos encontrar desde mediados de junio hasta finales de julio, época en la que se abre el mayor número de pistas y remontes (ya que el forfait de verano no es barato, debemos aprovechar al máximo las primeras horas del día y el número de remontes abiertos). Los meses de agosto y septiembre ofrecen al esquiador la posibilidad de broncearse con suma facilidad, aunque en ocasiones sólo se mantengan abiertas las instalaciones desde la Gobba di Rollin (3.899 m) hasta Testa Griggia (3.480 m), que no está nada mal si lo comparamos con otras estaciones alpinas abiertas en verano. En la temporada 2009-2010 (depende del cambio en el momento de organizar el viaje), el forfait de un día costaba unos 48 € en invierno y unos 52 € en verano, con buenos descuentos para niños, jóvenes y jubilados.

Esqui Zermatt

Existe un forfait combinado de unos 92 € para esquiar un mínimo de dos días en Saas Fee y en Zermatt, aprovechando al máximo sus dominios esquiables. En Saas Fee, la parte alta del Feegletscher se abre para practicar el esquí en verano. Aunque no es tan grande como el de Zermatt, su dominio esquiable es considerable, con el añadido de poder esquiar a casi 3.600 m bajo el Allalinhorn y el Alphubel. El forfait en invierno rondaba los 44 € y en verano los 43 €. Saas Fee, con un dominio esquiable de 250 km y 22 remontes mecánicos, está conectada con la cercana región de Kreuzboden-Hochsaas, encima de Saas Grund, y también con Saas Almagell. Una línea de autobuses conecta las tres poblaciones, transportando esquiadores durante todo el invierno. En Grächen solo se esquía en invierno y sus pistas son excelentes para esquiar en familia rodeados de un marco incomparable de belleza sin par.

Matterfilm Alps

Para finalizar el apartado dedicado al esquí, no podemos pasar por alto a dos grandes representantes de Zermatt en el mundo. El primero es Pirmin Zurbriggen. Ganador del oro olímpico (descenso) y el bronce (gran eslalon) en Calgary 88, cuatro veces ganador de la Copa del Mundo y nueve veces campeón del mundo con cuatro medallas de oro, cuatro de plata y una de bronce, Pirmin Zurbriggen cuenta con un currículum impresionante de victorias (40) en la Copa del Mundo. Considerado uno de los mejores esquiadores de la historia, ha sido el primero en ganar las cinco especialidades de carrera de esquí alpino en competición oficial. Pirmin nació el 4 de febrero de 1966 en Saas Almagell, en el valle del Saastal, y desde muy pequeño se inició en el apasionante mundo del esquí alpino. Aprovechando las inmejorables instalaciones que Saas Fee y Zermatt ponían a su alcance, poco a poco empezó a despuntar gracias a su esquí agresivo y a su particular forma de afrontar los descensos. Hombre de fuertes convicciones religiosas, en los Juegos Olímpicos de Sarajevo (1984) empezó a despuntar y en los Mundiales de Bormio en 1985 certificó su poder. http://www.youtube.com/watch?v=ml7NF-Cs8dI En Calgary 88 arrasó en el descenso y en 1989 se casó con Monika Julen, retirándose en 1990. Actualmente tienen cinco hijos. Su hermana, Heidi Zurbriggen, ganó tres descensos en la Copa del Mundo y actualmente ayuda a su familia en las líneas de negocio que la familia Zurbriggen tiene en el Valais: el Wellness Hotel Pirmin Zurbriggen, obra del famoso diseñador Julen, en Saas Almagell, y el lujoso Apart-Hotel Zurbriggen en Zermatt, situado junto a la salida del telecabina Matterhon Express. El segundo es Ulrich Inderbinen, conocido como El Rey de los Alpes. Ulrich falleció en Zermatt el 14 de junio de 2004 a los 103 años. Nacido en Zermatt en 1900 en el seno de una familia campesina, Ulrich Inderbinen cambió los animales de granja por el piolet y los crampones y a la edad de 25 años ya estaba cualificado para ejercer como guía de montaña, profesión que ocupó nada menos que 70 años de su vida, aunque sólo se pudo dedicar exclusivamente a esta actividad desde 1960. La austeridad, la humildad y su fe en Dios fueron sus guías y una de las claves de su felicidad. En una biografía publicada en 1996, Ulrich afirmó: «Como niño, aprendí a estar satisfecho con poco, a no pedir mucho a la vida y a trabajar siempre». Siempre fiel a este modo de vida, prefirió vivir sin teléfono, automóvil o bicicleta, sólo con sus botas y su equipo de alpinista. Activo hasta el fin de sus días, sólo hacía 8 años que había dejado de trabajar y culminó su última ascensión (que hacía la número 371) al Matterhorn con 90 años, cuando se cumplían 125 años de la primera ascensión y 69 años de que él alcanzara la cima por primera vez, en 1921. Para su noventa aniversario había recibido como regalo un par de esquís, deporte que practicaba asiduamente junto con la escalada y el alpinismo. Católico devoto, acudía todos los días a misa una vez retirado. A los 96 años cumplió uno de los sueños de su vida: viajar a Roma para recibir la bendición del papa Juan Pablo II. Ahora descansa en la paz que la montaña, su montaña, siempre le proporcionó. Ulrich Inderbinen tiene una bonita escultura dedicada a su persona en la fuente que se levanta delante de su casa. No podemos abandonar Zermatt sin visitarla, para rendir homenaje a uno de los habitantes más ilustres de Zermatt.

Víctor Riverola i Morera

Share →

Deja un comentario