Tenia muchas ganas de ver la última película de Steven Spielberg, uno de los directores mas interesantes de la segunda mitad del siglo XX y de parte del XXI. Tras su incursión en la I Guerra Mundial, Spielberg se decidió a rodar uno de sus proyectos mas ambiciosos y personales, tocando un tema que en los EEUU es sagrado: la vida y la imagen del presidente Abraham Lincoln. El tema en si no solo me interesa a nivel histórico, sino también a nivel literario y geopolítico. A fecha de hoy, no podemos negar que Abraham Lincoln es un personaje singular, único. Muy querido y respetado en los EEUU, padre de la abolición de ese cáncer llamado esclavitud (que sigue vigente en medio mundo oculta tras muchas caras) y uno de los padres de la moderna democracia tal y como hoy en día la entendemos. Tras ver el filme, no puedo sino afirmar que Spielberg es uno de los grandes maestros del oficio, es imposible que ruede malas películas. Observo también que Daniel Day-Lewis es un excelente actor, pero…esta vez se limita a poner solo una cara durante las mas de dos horas de metraje del filme y a andar decrépito por el escenario de un teatro (que no película). Me esperaba mas, y por tal motivo, no considero que merezca el Oscar, muy a mi pesar.

“Lincoln” forma parte de los grandes frescos que Spielberg está pintando últimamente y es que desde hace unos ocho años, observo que Spielberg se ha convertido en pintor. En 2005 dejó el cine para iniciarse en la pintura y pintó un grandísimo fresco titulado “Munich”, (su última obra maestra). La película tenía un ritmo y unos detalles de gran cine que me enamoraron, dignificando desde un punto de vista casi-neutral al ser humano, indigno en el asesinato y la venganza. Tras la magnífica “Munich”, Spielberg resucitó junto George Lucas y Harrison Ford a Indiana Jones en 2008, con poca fortuna según los fans, pero con excelentes resultados en taquilla. Particularmente, y ya hablaremos del tema un día si ustedes quieren, el último Indy no es tan malo como lo pintan y como cine de acción retro, me entretiene y me engancha (ojo que ya no tenemos 14 años). El maestro seguía pintando y se atrevió junto a Peter Jackson a insultar a Hergé perpetrando un cuadro donde centrifugaba a Tintín y lo convertía en una suerte de Indiana Jones, 007 y Jason Burne. Tras jugar a ser europeo, volvió a Europa y nos regaló otro cuadro, pues en “War Horse” si paramos en pause cualquier momento del filme y hacemos una impresión de la pantalla, tenemos un cuadro magnífico…pero ya está, ese es el problema, que Spielberg se limita a pintar, se centra en el envoltorio y deja el fondo y la esencia un tanto al margen, perjudicando el resultado final de sus últimas películas. Digamos que el acabado es fantástico, serio, elegante, muy profesional, pero el contenido…está perdiendo fuerza a medida que el tiempo pasa.

Volviendo a “Lincoln”, el filme se centra en los últimos años de vida del 16º presidente de los EEUU, iniciándose la acción cuando se llevan dos años de guerra de secesión y finalizando con su muerte el 15 de abril de 1865, nueve horas después de recibir un disparo en la cabeza por parte de John Wilkes Booth. Con talento y tesón, Spielberg profundiza en los esfuerzos de Lincoln para que el congreso aprobase la 13º Enmienda, que abolía la esclavitud y muestra también las diferencias entre los Republicanos (Lincoln fue le primer presidente republicano de los EEUU) y los demócratas, por aquel entonces favorables a la esclavitud (curioso porque hoy en día están considerados como los mas light). Y es precisamente en el esfuerzo de Lincoln por defender la 13ª Enmienda donde el filme resulta mas aburrido. Por fortuna, Tommy Lee Jones, que interpreta a Thaddeus Stevens, rompe el tedio en todas y cada una de sus apariciones, mereciéndose su segundo Oscar por dicho papel.

La película muestra a la perfección la retórica de Lincoln, su particular forma de entender la política y su humanidad. Siendo como era abogado rural, sabe de leyes y de gentes y sufrió como pocos las muertes provocadas por la guerra. Discursos como el de Gettysburg, o el de la segunda toma de posesión han pasado a la historia, y aún ahora se citan a menudo, y Spielberg, consciente de su importancia, lo filma con respeto y devoción. El plano con su hijo pequeño tras las cortinas es sensacional, así como la conversación entre el presidente y su esposa sobre Tierra Santa. En general, la película se convierte al poco tiempo de entrar en materia en una gran obra de teatro, donde los mensajes que el presidente transmite a la nación quedan muy claros, aunque se repitan en exceso. El uso de pocos exteriores y la cantidad de información y diálogos obligará al espectador a no pederse ni un mínimo ápice de la película, magníficamente interpretada por un elenco de actores de gran nivel. Sally Field está fantástica como Mary Todd Lincoln, la sufrida y depresiva esposa del presidente. David Strathaim, magnífico asesor y mano derecha (William Seward), James Spader como el peculiar caza-votos W.N Bilbo, el antes mencionado Tommy Lee Jones y Hal Holbrock, incombustible interpretando a Preston Blair. Puede que mas difuminado quede el papel del hijo mayor de Lincoln, Robert, interpretado por Joseph Gordon-Levitt.

Poster Lincoln

“Lincoln” seduce y crea admiración en muchas escenas, la fotografía azulada del grandísimo Janusz Kaminski (y es que es grande) crea una atmósfera intensa y lúgubre a la vez, aunque en este caso, he escuchado varios comentarios en contra, demostrando que para algunos proyectos puede funcionar, pero no siempre. Personalmente hecho de menos en los últimos filmes de Spielberg a gente como Allen Daviau, Dean Cundey, Vilmos Zigmond o al enorme Douglas Slocombe. Excelentes directores de fotografía que trabajaron con él antes de que en 1993 contratase a Kaminski para “La Lista de Schindler”, trabajando a partir de ese momento  casi en exclusiva. Otro detalle curioso es que esta es la película de Spielberg con menos música, relegando la labor de John Williams a simple ambientador con varias cadencias musicales de piano, trompeta y algo de cuerda.

“Lincoln” es una caja de regalo preciosa, envuelta en un papel de lujo y con un lazo rojo maravilloso, pero una vez abrimos la caja y contemplamos el regalo…este se muestra menos espectacular y completo de lo que esperaba. ¿Decepcionante? no, en absoluto, “Lincoln” tiene momentos de gran cine en mayúsculas,  pero por desgracia he salido de la sala un tanto preocupado tanto por como se aceptará la película en Europa (creo que pasarán olímpicamente del tema y del personaje) y en España,  donde el amor y el respeto por la cultura y la historia últimamente brilla por su ausencia. A “Lincoln” le falta nervio, pasión y algo de ritmo, por suerte no en todo el metraje y en ocasiones puede que la película se convierta en reiterativa al mostrarnos una y otra vez a un Daniel Day-Lewis casi cadavérico, vacío, sin emoción.  Puede que esta sea la imagen que Spielberg quiera transmitir del presidente norteamericano, pero bajo mi punto de vista, un poco mas de vida y de escenas rodadas en exteriores ayudarían a la cadencia del filme. Los grandes directores de biopics como podian ser David Lean o incluso John Ford (sus “El Joven Lincoln” o “El Sargento Negro” son mejores que “Lincoln”) demostraron que para rodar biografías nunca hay que aburrir al público con discursos, frases y planos reiterativos. No estoy hablando de una mala película, en absoluto, pero me esperaba algo mas de Spielberg, de Daniel Day-Lewis y de un guión como el de Tony Kushner, basado en parte en la obra “Team of Rivals: The Political Genius of Abraham Lincoln” de Doris Kearns Goodwin.

“Lincoln”, no obstante, se merece un segundo y  hasta un tercer visionado, pues son tantos los detalles que encontramos, que es difícil capturarlos todos de una vez. Es una película que se estudiará en Universidades y se pasará en escuelas,  es grande, ofrece una gran lección de história y es patriótica con moderación, algo que en los EEUU se venera de forma muy especial. Pero…y desde mi humilde punto de vista, “Lincoln” no está a la altura de las grandes películas de Steven Spielberg como pueden ser “Tiburón”, “Encuentros en la Tercera Fase”, “E.T”, “Salvar al Soldado Ryan” o “Munich”. Que conste que quien escribe estas líneas es un gran admirador de toda la obra de Spielberg desde “Duel” en 1971, e incluso de antes, con sus capítulos para Colombo y sus cortos de juventud. Su obra ha marcado gran parte de mi infancia, pero no puedo ocultar que desde “Munich”, Spielberg, Kaminski y Williams están perdiendo intensidad. Es imposible que hagan una mala película, porque no saben hacerlo, pero me gustaría que por un momento, recuperasen el tono de hace unos días años. No obstante, y citando a Carlos Boyero, que “Lincoln” esté por debajo de mis expectativas, solo es problema mío, pues la película es realmente interesante, y aporta mucha información útil y necesaria.

Un último apunte: por muy viscerales que puedan resultar los enfrentamientos entre demócratas y republicanos, por muy asqueroso que pueda resultar escuchar a seres humanos tratar a los negros de raza inferior etc…la pasión y la rabia que destilan los políticos que acompañaron al presidente Lincoln hasta su muerte en 1865 están en las antípodas de la mayoría de políticos cobardes y mediocres que dicen llamarse amantes de la libertad y la paz en la actualidad. Mas de un político en nuestro país debería ir al cine y escuchar varias frases que Daniel Day-Lewis interpreta bajo su espesa capa de maquillaje. Nunca es tarde para aprender algo, y si ese algo tiene que ver con la dignidad y el honor, pues mucho mejor.

 

Víctor Riverola i Morera

 

 

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