Es normal que muchos catalanes se harten y decidan pedir el divorcio de España, es normal porque se ha llegado a una situación en la que la prensa internacional no puede sino alucinar día si, día también. Las redes sociales y algunos medios de comunicación son un buen ejemplo de la situación que se vive en la comunidad mas rica de España, y cuando se llega a un extremo, casi esperpéntico, donde se critica a una señora por pagarse las vacaciones de su bolsillo, es muy difícil volver atrás. No hay culpables cuando hablamos de independencia, porque este matrimonio se rompe por agotamiento. No hay que darle mas vueltas, no hablemos ahora de dinero, de que si lo que se paga no vuelve, ahora toca hablar de realidades sociales, de sentimientos, de idiomas y de tradiciones, detalles que provocan el divorcio de susodicha pareja con una relación muy inestable desde hace años, muchos mas de lo que algunos creen.

El divorcio llega cuando a muchos catalanes se les llama “malos españoles” porque no gustan del patético arte de torturar toros en una plaza, porque no gustan de hablar en castellano cuando tienen su propia lengua, porque no gustan de seguir tradiciones españolas que ellos no comparten y aunque las relaciones comerciales puedan ser buenas, y compartan una opípara gastronomía, desde Madrid no se puede vender un tipo de patriotismo rancio y retrógrado que es incapaz de sentarse a dialogar. Las leyes catalanas se han votado democráticamente y se han aprobado tanto en el Parlamento catalán como en el Congreso de Madrid. Todo es legal y lo que se considere ilegal que se denuncie. Mientras Madrid no denuncia, el Parlamento catalán es libre de hacer lo que crea conveniente siempre y cuando se vote, y ahora es lo que van a hacer. Tienen todo el derecho del mundo a divorciarse de España por hartazgo, por demasiadas imposiciones, por ser malos españoles y por querer vivir tranquilos. Y lo mejor es que no pasa nada, porque el divorcio, si se pacta amistosamente, conllevará una mejor relación y un mejor entendimiento. Nadie expulsará a nadie de la UE, la Liga seguirá como ahora, como sucede en Francia con el Mónaco y nadie saldrá perjudicado si se pacta el divorcio con la cabeza, y no con el rencor y el odio que muchos están vendiendo a diestro y siniestro.

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