DESAFIO, EL (The Edge)

Duración: 117 minutos País: Estados Unidos Año: 1997 Director: Lee Tamahori Reparto: Anthony Hopkins (Charles Morse), Alec Baldwin (Robert Green), Elle Macpherson (Mickey Morse), L.Q Jones (Styles), Harold Perrineau (Stephen), Kathleen Wilhoite (Ginny), David Lindstedt (James), Eli Gabay (Piloto), Mark Kiely (Mecánico) y Bart, el oso. Música: Jerry Goldsmith

 

El 12 de febrero de 1998 se estrenaba en España una interesante película con mucha montaña protagonizada por Anthony Hopkins y Alec Baldwin de la que poco se sabia y que para nosotros, resultó ser una interesante propuesta de cine de acción donde se mezcla el trabajo actoral con una fotografía espectacular que pone de manifiesto la belleza de las Montañas Rocosas. A nivel de taquilla, no llegó a considerarse un éxito, aunque tampoco podemos considerar “El Desafío” como un monumental fracaso y es más, con el tiempo, se ha convertido en una pequeña joya llena de aventuras y diálogos punzantes. La fotografía aérea, la excelente partitura de Jerry Glodsmith (uno de los compositores más importantes de la segunda mitad del siglo XX), las grandes montañas de la Columbia Británica en Canadá y el hecho de que la montaña en si, se convierta en protagonista de la historia,  convierten a “El Desafío” en un gran espectáculo para uso y disfrute de toda la familia.  Detrás de una película como la que nos implica, con pocos actores y con mucha acción, el trabajo de los especialistas resulta crucial a la hora de poder realizar ciertas escenas, sobre todo en medio de la nieve, con osos y un intenso frió. Las inclemencias meteorológicas exigían a los protagonistas un desgaste físico considerable y aquí es donde entran en acción los siempre efectivos Barry Blanchard, Alex Green, Joe Dodds, Gaston Howard y Betty Thomas, que junto a su equipo de profesionales trabajó codo con codo con Anthony Hopkins y Alec Baldwin para dar mayor realismo a sus escenas.

Vale la pena destacar el trabajo de los entrenadores de osos, Doug Seus y Scott J. Smith pues gracias a su trabajo, las escenas con el oso “Bart” resultan totalmente creíbles. No podemos hablar de cine de montaña sin mencionar la importancia y el excelente trabajo de “Bart”, el mejor oso amaestrado que ha existido jamás y que protagonizó inolvidables escenas en películas como “El Clan del Oso Cavernario” (“The Clan of the Cave Bear”, 1986), “El Oso” (“L´Ours”, 1988), “El Tierra Peligrosa” (On Deadly Ground”, 1994) o “Leyendas de Pasión” (“Legens of the Fall”, 1994). Su pérdida en 1998, significó un auténtico drama para sus cuidadores y para el cine de montaña en general. Su heredero es “Bart II” de cuatro años de edad, cuidado y entrenado por  Doug Seus.

The Edge

El guión del filme está muy elaborado y es obra de David Mamet, novelista, ensayista autor teatral, guionista y director de cine norteamericano ganador del premio Pullitzer, dos veces candidato al Oscar y guionista de “El Cartero siempre llama dos veces” (“The Postman Always Rings Twice”, 1981), “Veredicto Final” (“Final Verdict”,1982), “Los Intocables de Eliot Ness”  (“The Untouchables”, 1987) o “Hannibal” (2001). Si el guión es uno de los puntos fuertes del filme, el otro es la espléndida  fotografía que corre a cargo del veterano Donald McAlpine, responsable de títulos tan interesantes como “Depredador” (“Predator”, 1987), “Juego de Patriotas” (“Patriot Games, 1992) o más recientemente “Moulin Rouge!” (2001) y el primer capítulo de “Las Crónicas de Narnia” (2005). En esta ocasión, el realizador de origen mahorí, Lee Tamahori, responsable de la irregular “Muere otro día” (“Die Another Day”, 2002), se las ingenió para colocar a dos buenos actores como son Sir Anthony Hopkins y Alec Baldwin en medio de un hábitat que les resultará hostil y que les obligará a dar lo mejor (o lo peor) de si mismos para poder llegar vivos a la civilización.

El argumento es sencillo, el filme va al grano y en veinte minutos nos hemos situado de lleno en el desarrollo de la historia. Tanto guionista como director  no se andan con rodeos a la hora de establecer el rol de cada personaje, por suerte para el espectador, la película mantiene un buen ritmo, sin pausas innecesarias y tras la introducción de los personajes, la verdadera película se inicia a partir de un accidente de avión en las frías y hostiles tierras de Alaska. En el pequeño aeroplano  viajan Charles Morse (Anthony Hopkins), esposo de la espectacular modelo Mickey Morse (Elle MacPherson) y el cotizado fotógrafo Robert Green (Alec Baldwin). Morse es el perfecto ejemplo de hombre hecho a su mismo. A primera vista sorprende ver a un empresario multimillonario vestido de forma impecable paseando por Alaska (la Columbia Británica canadiense en realidad) como Pedro por su casa, pero en pocos minutos nos damos cuenta que estamos delante de un experto en todo, un autodidacta culto y con un cociente intelectual elevadísimo que le permite estar al día y salir airoso de cualquier situación. Charles Morse está casado con Mickey, una modelo espectacular bastante más joven que el que en todo momento parece hacerle caso y estar muy enamorada. De carácter arisco y algo celoso, Morse sospecha desde hace tiempo que Robert Green, el fotógrafo de moda favorito de Mickey, mantiene algo más que una relación profesional con su mujer.

Robert Green, es un fotografo de moda con una carrera muy extensa y de fama internacional. Al contrario que Morse, es mucho menos culto y sus conocimientos de la vida se limitan a las cámaras fotográficas y al mundo de la moda. Suple sus carencias intelectuales con un sentido del humor que en ocasiones resulta molesto y en un momento dado del filme, cometerá el error de pasarse de listo (un encendedor tendrá la culpa de ello).

Con la intención de preparar un reportaje protagonizado por la escultural modelo, el millonario y el fotógrafo alquilan una avioneta para recorrer las montañas nevadas y buscar una localización adecuada. El desafortunado accidente, causado por una bandada de pájaros que obstaculiza el giro de las hélices, aislará  a Charles y a Robert y les obligará a sobrevivir unidos en medio de una de las cordilleras mas extensas y salvajes del planeta. El recurso del accidente causado por los pájaros que se estrellan contra un avión, parece ser un homenaje directo a “Indiana Jones y la Última Cruzada” (“Indiana Jones and the Last Crusade”, 1989) donde Sean Connery demostraba lo que se puede llegar a conseguir con un simple paraguas, ahora bien, como recurso que ayuda a la acción no molesta y  resulta muy efectivo a la hora de introducirnos en el núcleo de la película.

La aparición de un enorme oso (el oso “Bart”, totalmente real) y la muerte de sus acompañantes, aparcará temporalmente sus diferencias y les obligará a permanecer unidos para sobrevivir. David Mamet consigue crear gracias a su guión, una atmósfera que desde un primer momento va en “crescendo”. El espectador se plantea si Charles Morse se equivoca y trata con extrema dureza a sus adversarios. La mente de Morse duda, sospecha, y en ocasiones llega a creer que quizás está juzgando de manera errónea el carácter abierto y seductor de Robert.

En el filme, Anthony Hopkins está francamente bien, aparece en todo momento muy elegante (menos cuando está en plena acción con barba de una semana). Se pasea por la pantalla sin pasarse ni un ápice en su composición de millonario que lo tiene todo y su talento interpretativo aporta una total credibilidad a su personaje centrándose en su habilidad para resolver situaciones y en su capacidad para reflexionar y tomar decisiones.  El mayor de los hermanos Baldwin no se queda atrás y crea un personaje cínico y chulesco que tiene una experiencia nula en montaña y que en ningún momento se ve capaz de sobrevivir sin la ayuda de su millonario “amigo”. Aquí es donde se pone de manifiesto uno de los mensajes del filme, la necesidad de ayudarse mutuamente para sobrevivir sin tener una gran experiencia en alpinismo.

La película analiza como el ser humano puede llegar a desarrollar su instinto para buscar soluciones a problemas que inicialmente parecen irresolubles y a partir de estas reflexiones, tanto el millonario como el fotógrafo deberán unir sus fuerzas para luchar contra las inclemencias del tiempo y sortear cornisas nevadas equipados con ropa y calzado inadecuados. La actitud de uno y de otro, plantea serias dudas al espectador y solo al final, cuando llega la hora de la verdad, nos daremos cuenta de quien engaña a quien. La descripción psicológica de los personajes pone de manifiesto la maestría a la hora de escribir guiones del maestro Mamet que deja que los acontecimientos fluyan y que la acción se desarrolle sin cambios bruscos. Las miradas, los gestos, los cambios de humor y la angustia se reflejan en los rostros de los dos protagonistas, enfrentados a las fuerzas de la naturaleza y sobre todo, a un enorme oso que se convierte junto a la montaña en si, en un personaje más.

Sin cobertura, sin dinero que valga, solo con su astucia y sus ganas de vivir, dos seres humanos complemente distintos deberán unir sus fuerzas aunque sea lo ultimo que hagan en vida. El objetivo de Morse es llegar a un núcleo civilizado desde donde poder pedir auxilio. El objetivo de Robert persigue la misma meta pero por sendero distinto…El dramático final pondrá a cada uno en su sitio y la verdad saldrá a la luz. En esta ocasión Anthony Hopkins tendrá las de ganar, no obstante, como moraleja nos preguntamos: “-¿Que puede ser peor que llegar vivo a casa después de ser perseguido por un oso en actitud poco amistosa, soportar temperaturas bajo cero, subir y bajar crestas nevadas y estar a punto de morir ahogado en un rió, para saber que tu mujer te engaña desde hace tiempo con un fotógrafo petimetre y estúpido, veinte años más joven que tu?”.

 

Share →

Deja un comentario