Nadie sabe que estáis ahí arriba…y no estáis solos

Dentro del cine de montaña, desde hace unos diez años estamos observando la proliferación de títulos donde la escalada, el esquí o el alpinismo actúan a modo de catalizador, para adentrarnos sin tapujos en un mundo de terror visceral lleno de suspense y detalles gore no aptos para todos los públicos. El cine de terror y montaña es un espectacular sub-género en auge a nivel global. Hace unos 90 años, durante la era dorada del cine de montaña aleman (Bergfilme), algunos guiones habían llegado a tocar el thriller o el misterio como base del argumento principal, pero nunca se llegó los niveles actuales. Con el paso del tiempo muchas películas de montaña dejaron a un lado los tecnicismos y pasaron a convertirse en thrillers de acción y espionaje, pero con la llegada del nuevo milenio, las cosas cambiaron. Por vez primera veíamos en una pantalla a escaladores perseguidos por psicópatas, a científicos atacados por Trolls en Noruega, a esquiadores devorados por lobos y a comisarios investigando asesinatos en el interior de la grieta de un enorme glaciar alpino.

En el año 2000, el actor y director francés Mathieu Kassovitz presentó Los Ríos de Color Púrpura, una auténtica obra maestra del suspense y el terror psicológico ambientada en lo Alpes franceses. Rodada entre Grenoble y Chamonix, la película nos descubría los siniestros experimentos que tenían lugar en una Universidad de montaña en los Alpes, con Jean Reno y Vincent Cassel investigando crímenes atroces en compañía de una joven escaladora que esconde un impactante secreto. Kassovitz introduce al espectador en lo mas profundo de una grieta dentro de un glaciar (una escena realmente impactante) y crea un clímax final en el glaciar de les Grands Montets, con el Mont Blanc y el Dru de fondo, mostrándonos lo peligrosos que pueden llegar a ser los piolets. Jean Reno declaró recientemente en una entrevista que uno de los papeles mas difíciles a los que se ha enfrentado es el de comisario Niemans en Los Ríos de Color Púrpura, debido a la dificultad del rodaje, a la altitud del rodaje en Les Grands Mulets (3.200m) y a la psicología del personaje. Analizando el título en perspectiva, observamos que la película abrió las puertas a nuevas ideas, algunas de ellas rocambolescas pero no imposibles.

Uno de los títulos mas representativos de este subgénero es Vertige (2010), producción francesa para Gaumont, dirigida por Abel Ferry, quien se estrenaba como director con este filme. El argumento es sencillo pero eficaz. Un grupo de amigos que hace tiempo que no practican deportes de montaña juntos, vuelve a reunirse para recorrer una espectacular vía ferrata. Son jóvenes pero no son niños, y la sed de aventuras no les llena a todos por igual.

Algunos problemas y disputas del pasado volverán a aflorar a lo largo de los días que permanecen juntos en la montaña y el vértigo se convertirá en una pesadilla para uno de los participantes. Tras la presentación de los personajes, el director nos sitúa en la vía ferrata sin efectos ni trucajes. El vértigo es real.

Y es a partir de aquí cuando el drama se desatará, pues la ferrata está cerrada, el líder del grupo lo sabe, pero hace caso omiso, metiéndose en un recorrido en mal estado donde un enorme puente colgante estará a punto de causarles un gravísimo disgusto (en la línea de la escena inicial de Máximo Riesgo (Cliffhanger 1993). Tras comprobar que la ferrata no es segura y no tiene salida (el cable de seguridad está roto), intentarán buscar una salida escalando la pared hasta llegar al bosque, donde les espera la peor experiencia de sus vidas. A partir de este punto la película se convierte en un slasher de primer nivel, con un sanguinario cazador llamado Anton, como protagonista absoluto de la función. La película mezcla de un modo totalmente natural elementos del cine de montaña clásico, con toques de cine juvenil (jóvenes adentrándose en vías aéreas) y elementos del cine de terror mas visceral, en la línea de Las Colinas tienen Ojos o La Matanza de Texas, pero a la francesa. Es en este sentido donde se nota el toque personal de Abel Ferry. El director nos muestra su solvencia a la hora de rodar en paredes de roca, demostrando que la nueva generación de cineastas galos (expertos en gore y en suspense) está preparada para seguir sorprendiendo gratamente al espectador mostrándole en este ocasión, vías ferratas mortales, tanto por su mal estado de conservación como por los habitantes caníbales que habitan por la zona.

Lo único que no acaba de entenderse en Vertige es el texto que aparece al finalizar la película donde se explica que hoy en día en los Balcanes siguen desaparecidos muchos jóvenes, en manos de supuesto asesinos, psicópatas o ladrones de medio pelo. Si la matrícula del todo terreno que les conduce hasta la vía ferrata es francesa y al inicio del filme se destaca la colaboración de la región del Languedoc Rousillon, todo hace entender que están escalando en los Pirineos y no en los Balcanes, aunque también podría ser que el grupo de amigos esté realizando un viaje por la ex-Yugoslavia en coche.

La nieve, los lobos y el frío son los protagonistas de Bajo Cero (Frozen), donde tres amigos que se pasan de listos, acabaran colgados de un telesilla en lo alto de una montaña y durante varias noches. La acción nos situa en una pequeña estación de esquí en las Rocosas norteamericanas que solo abre el fin de semana. Al subir en domingo, el panorama que les espera no es muy esperanzador, pues no se mueven, morirán congelados. Dirigida por Adam Green, Bajo Cero parte de una idea sencilla que se va complicando a medida avanza el metraje. Las ganas de vivir animarán a los tres amigos a realizar imprudencias, algunas de ellas mortales. Uno de ellos intentará saltar y bajar esquiando a buscar ayuda, pero se romperá las piernas al caer sobre la nieve helada. Los lobos tienen hambre y darán buena cuenta del pobre accidentado, incapaz de moverse debido a que los huesos sobresalen de sus piernas, rotas de la peor forma posible. El inmenso dolor hará mella en él, y lo peor es que seguirá vivo unos minutos mientras los lobos empiezan a devorarle. Aunque la película se rodó en 2009, se proyectó con éxito en el Festival de Sitges en 2011, mostrando a los espectadores una nueva dimensión del miedo, en este caso un miedo tenso, físico y psicológico, que diezma la capacidad de autocontrol de los tres protagonistas.

En 2010 se estrenó en todo el mundo un filme que bien se podría ubicar en la categoría de drama psicológico con toques sangrientos. 127 Horas, de Danny Boyle, cumple a la perfección su cometido a la hora de narrar el drama personal de Aron Ralston. La escena donde Ralston se amputa su antebrazo dio la vuelta al mundo y muchos críticos la consideran como una de las mas desagradables que se han rodado jamás. La película, protagonizada por James Franco, fue nominada a los Oscars en la categoría de mejor película, siendo la primera vez en la historia que una película de montaña recibía tamaño honor.

Para terminar, este año se ha editado en DVD un título indispensable para los amantes de las rarezas de montaña. El filme se rodó en 2010, pero hasta ahora no se editado a nivel internacional (menos en España como es habitual). Troll Hunter es un falso documental de terror noruego dirigido por André Ovredal y Otto Jespersen, donde un grupo de jóvenes que investigan extraños sucesos acontecidos en las cumbres del sur de Noruega, se toparan de bruces con un grupo de Trolls totalmente reales. Un misterioso científico les guiará acerca de la vida y la forma de actuar de los Trolls en Noruega. Una película realmente curiosa, con escenas escalofriantes si se ve en un cine totalmente a oscuras.

Víctor Riverola i Morera

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