Y Turkish Airlines nos dejó tirados. Lo hizo el pasado jueves 7 de agosto en el aeropuerto de Atatürk, en Estambul (Turquía). Era la única escala que nos separaba de un viaje al Japón de casi tres semanas, planificado con mucha ilusión y alegría, pues como muchos de nuestros amigos y lectores ya saben, nos encanta viajar en familia. La intención era viajar incluso hasta Seül, en Corea del sur, para que nuestros dos hijos de 5 y 6 años conocieran culturas totalmente distintas. Queríamos disfrutar de unos días de relax en la montaña japonesa, llena de rincones impresionantes como pueden ser los bosques de Kioto, el frescor alpino de Sapporo, el Monte Fuji (aunque subirlo pagando y en agosto es un poco repugnante, sinceramente), los alpes de Nagano, carreteras brutales, paisajes de película. Conocíamos Japón, pues en 2007 se convirtió en el destino de nuestro viaje de bodas, pero esta vez, no volamos con KLM, volamos con Turkish, que era mas barato.

Llegamos al aeropuerto del Prat, en Barcelona, metalizados del calor japonés, con máximas de hasta 36º. Y solo al llegar a la cola para embarcar en un flamante Airbus 321, nos avisan de que una potente tormenta eléctrica en Estambul obliga a cerrar su aeropuerto, retrasando el vuelo como mínimo dos horas. Nos dan unos vales para ir a comer al McDonalds (7€ por persona) y nos sentamos a esperar. Reconozco que el personal de Turkish en Barcelona se portó de maravilla, brindándonos en todo momento información. Al cabo de unas tres horas, el vuelo embarca y despega. A bordo todo son atenciones, menú, un cocinero, películas y música en tu TV personal, personal atento y asientos cómodos con algo mas de espacio que otras compañías. Y llegamos a Estambul.

Sea debido a la tormenta eléctrica o al tifón que según ellos (por TV vimos que era verdad) azotaba Japón, nos comunican que el vuelo de Tokyo y el 95% del resto de vuelos va con muchos retraso. Nosotros teníamos la salida del vuelo a Japón a la una de la madrugada del viernes día 8. Llegamos justos por el retraso, pero al decirnos que todos los vuelos saldrían con retraso, nos preparamos para acudir a la ventanilla de información de Turkish a informarnos, pues en el avión y en el finger nadie de la aerolínea nos atendió. El mostrador de Turkish en Atatürk era digno de un filme de los hermanos Marx. La cola era dantesca, gritos, árabes de todas partes enfrentándose al personal de la compañía, unas cien mujeres con burka aguantando estoicamente junto a sus hijos y pasajeros de los cinco continentes que veían como sus vuelos no salían. Al llegar nuestro turno nos comunican que el vuelo saldrá a las tres de la madrugada, que solo lleva dos horas de retraso, y nos indican la zona donde mas o menos podremos embarcar, dicen que mas o menos pues no tienen nada claro.  Al llegar a la zona donde hipotéticamente se encuentra nuestra puerta de embarque, el caos es total. Centenares de pasajeros de mas de 20 vuelos de larga duración, hacinados en el suelo y en los bancos, acumulando según ellos retrasos de mas de cinco horas. A las tres de la madrugada, y con nuestros hijos durmiendo en el suelo del aeropuerto (por suerte son todo terreno y están acostumbrados a situación un tanto caóticas) el vuelo no sale. Y no solo no sale, sino que desaparece de las pantallas. Regreso al mostrador de Turkish y me comentan que el vuelo no sale a las tres, que han cancelado muchos vuelos y que mañana intentarán juntar en aviones mas grandes a varios pasajeros de los vuelos anulados, para que poco a poco puedan seguir sus viajes. Poco a poco dicen…

La mejor respuesta la obtengo de un caballero de Turkish un tanto excéntrico, quien, apoyado por sus compañeras de trabajo, me responde que una de dos, o esperamos 24h o compramos billetes nuevos por mas de dos mil euros…Interesante perspectiva.

Cuando menos me los espero, plantado en el mostrador Turkish, indignado por la respuesta, observo que no hay ni un solo policía y que uno por uno, el personal de Turkish pone pies en polvorosa, abandonando su puesto de trabajo. O tiene miedo, o nos saben como atender a miles de pasajeros indignados. Estamos totalmente abandonados, tirados en Estambul a las tres y cuarto de la madrugada de un viernes 8 de agosto. Ya sabemos lo que es, no era algo nuevo, pero en esta ocasión teníamos un  grave problema: Al no viajar totalmente por libre, si no anulábamos YA todos los hoteles de Japón y Corea, los señores de booking.com nos cobrarían todas las noches. Los hoteles no se hacen responsables de lo que pueda pasarles a sus huéspedes, si no llegamos, pagamos igualmente. Tenemos horas para tomar una decisión, las horas que deberían ser invertidas en cruzar medio planeta Tierra a mas de 800km/h en un Airbus 330 de Turkish.

A las tres y media de la madrugada, servidor y su esposa, la fotógrafa profesional Jekaterina Nikitina, hartos de ver como mucha gente se desespera pues sus vuelos van desapareciendo de las pantallas sin mediar palabra, acudimos al mostrador de tránsito de Turkish, se nos acude la idea gracias a la experiencia y al recordar algo que nos pasó en Noruega (aunque allí lo solucionaron como es debido en un periquete). Un pasajero español, que también debía volar a Japón, se nos une. En el mostrador de tránsito encontramos a cuatro personas, todas ellas personas de Turkish Airlines, que mas o menos saben que está pasando. Entre gritos de pasajeros y una cola impresionante, les comentamos que tenemos dos niños pequeños que necesitan dormir en condiciones, y al cabo de una media hora, nos atienden. Ya son las cuatro de la madrugada.

El vuelo de Tokyo ha sido cancelado sin avisar, lo reconocen y nos piden disculpas. Solo nos pueden decir que intentarán colocarnos por separado en el primer avión que salga, como mínimo dentro de 24h y nos invitan a ir a un hotel a descansar, paso previo por el mostrador fuera de la terminal de salidas. La compañía paga una noche. Muchas gracias. Viajar con niños por separado en un Airbus grande y un vuelo de unas 12h, no es una idea que nos fascine, pero bueno, lo aceptamos, ya improvisaremos algo a bordo. Al intentar llegar al mostrador donde se facilita la información relativa a los hoteles que las compañías facilitan en caso de anulación de vuelos, observamos que este se encuentra situado fuera del control de pasaportes, siendo necesario pagar unos 80 euros en concepto de visados, para entrar en Turquía. Pagamos, miramos el reloj, son mas de las cinco de la mañana…

El mostrador de los hoteles se encuentra saturado, con centenares de pasajeros gritando histéricos. Es otro caos, segunda parte. Al cabo de una media hora, varios pasajeros nos invitan a ir directamente a la calle, buscar el primer mini-bus de Turkish que lleva pasajeros a hoteles, y literalmente, pedir que nos lleven con los niños. Así lo hacemos y logramos llegar a un hotel que está a casi una hora del aeropuerto de Estambul, a las seis y media de la madrugada, mas o menos. En el hotel, como suele pasar en estos casos, no saben nada de la situación, nos piden los pasaportes y nos dicen que bueno…que podemos dormir, que ya verán que les dice la compañía aérea por la mañana. Nos comunican que posiblemente saldrá un vuelo hacia Tokyo a las cinco de la tarde y que dos horas antes nos presentemos en el mostrador de facturación. Nos dicen que a la una de la tarde una furgoneta nos vendrá a recoger. La furgoneta no llegó, tuvimos que pagar un taxi, y lo peor es que no saben si el vuelo saldrá o no, y si tendrá overbooking. Vuelve a llover en Estambul y el panorama en Japón no mejora. Como igualmente llegamos tarde, ante la nula información y ante el peligro de perder nuestras reservas en hoteles, decidimos anular las noches de hotel y realizar un cambio de planes. Nadie nos garantiza que estemos en Japón en menos de 24h y mas con el caos que observamos por TV que se está formando en el aeropuerto de Narita, en Tokyio, debido a un tifón que azota el mar del Japón.

Y lo peor es que llamo a American Express y me responden que esa noche no tienen personal disponible para atenderme, y que llame al día siguiente. Les digo que ya es el día siguiente…y nada, que lo sentimos mucho, pero que no pueden hacer nada. Otros que nos dejan tirados en Estambul, muchas gracias por nada. Pagamos una burrada por unas tarjetas y unos seguros a nivel profesional, y nos tratan así.

El cambio de planes nos llevará a vivir una interesante aventura entre Estambul y Budapest, pero esta ya es otra historia.

 

 

 

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One Response to Cambio de planes, nuevos horizontes

  1. lola dice:

    Eso si es un viaje movidito

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