La construcción de la mayoría de los refugios del Pirineo se inició a finales del siglo XIX, cuando muchos alpinistas empezaron a dejar de lado las vías normales de ascensión en busca de nuevos retos personales, con el objetivo de poner a prueba su pericia en la roca y en el hielo. En los Pirineos, la cara Norte se convirtió en el objetivo de muchos escaladores, que desafiaron nuestras montañas equipados con toscos crampones y cuerdas de cáñamo. Un buen ejemplo lo encontramos en Celestin Passet, el guía de Gavarnie que se convirtió en el primer ser humano que ascendió la Norte del Perdido y la arista NO del Petit Astazou (500 m – IVº). En 1889, Passet pasó a la historia por ser el primero en escalar el Couloir de Gaube en la Norte del Vignemale, todo un desafío para los amantes de la escalada en hielo. El hecho de abrir nuevas vías mucho más difíciles en todo el Pirineo obligó a los alpinistas a permanecer jornadas enteras en la montaña, pernoctando por aquel entonces en cabañas de pastores y en cuevas sin ningún tipo de comodidad. Francia tomó la delantera y en 1886 inauguró lo que con los años se convertiría en el refugio de Arremoulit, situado a 2.305 m de altitud, cerca del circo de Gavarnie. Lourde Rocheblave impulsó la construcción del refugio libre de la brecha de Tucarroya, que todavía sigue funcionando hoy en día con pocas modificaciones. El refugio Packe, situado en el macizo del Néouville a 2.509 m, se inauguró en 1895 (actualmente es uno de los refugios libres más limpios de la cordillera). El mismo año se inauguró el que sería el refugio guardado más alto del Pirineo, el de Baysellance, construido a los pies del Petit Vignemale, a 2.651 m. Dicho refugio está situado relativamente cerca de las grutas que el conde Henry Russell excavó en la roca (un total de siete) con el propósito de estar más cerca de su querida montaña, y que llegó a arrendar por 99 años. Si aceptamos como refugio la cueva diseñada por Russell a los pies del Cilindro de Marboré en 1877, éste podría ser sin lugar a dudas el refugio más antiguo del Pirineo, pero, de momento, se sigue considerando al Arremoulit como el primer refugio pirenaico. En el Pirineo Oriental, el Chalet dels Cortalets, que da acceso a la Pica del Canigó, se inauguró en 1899, ofreciendo al montañero la posibilidad de poder dormir a más de 2.000 m, ahorrándose la subida desde Vernet les Bains y poblaciones vecinas.

Los antecedentes inmediatos de los actuales refugios fueron los antiguos hospitales de montaña (en francés, hospices), sólidas construcciones levantadas muy cerca de algunos puertos de montaña que se utilizaban como vías de comunicación entre valles. Los hospitales y sus gentes realizaban una labor encomiable, pues daban cobijo y alimento a los fatigados viajeros y peregrinos que recorrían a pie el Pirineo por motivos comerciales o religiosos. Actualmente, algunos todavía siguen ofreciendo sus servicios, como el Hospital de Vielha o Refugi de Sant Nicolau, situado cerca de la boca sur del túnel de Viella a 1.626 m de altitud. El Hospital de Benasque, reconvertido en un moderno hotel de tres estrellas a las puertas de la estación de esquí nórdico de Llanos-Hospital, o el Hospice de France, situado al principio de la clásica travesía entre Bagneres de Luchon y Benasque (1.385 m), también pueden tomarse como ejemplo.
El primer refugio del Pirineo español se inauguró en 1909 junto al nacimiento del río Ter (Girona), en una planicie situada a 2.325 m, justo debajo de los picos de Bastiments y Gra de Fajol. Con los años, el viejo refugio de inspiración gaudiniana quedó literalmente destruido y el CEC levantó el nuevo refugio de Ulldeter unos cien metros más abajo. En 1910 Juli Soler i Santaló se encargó de proporcionar a los visitantes del Aneto y la Maladeta un cobijo en condiciones (la Villa Maladeta), que evolucionó hasta convertirse en 1916 en el actual refugio de La Renclusa, hoy modernizado y con un excelente servicio de atención al montañero.

En los Alpes hace tiempo que se ha abierto un interesante debate sobre cómo debe funcionar un refugio en el futuro, pues se están levantando voces en contra y a favor de su evolución. Por un lado, están los que defienden unos refugios cada vez más confortables, de diseño futurista, con mayores servicios y comodidades, y por otro, los que defienden la austeridad de los refugios más tradicionales. En el Pirineo Aragonés, por ejemplo, la FAM está situando sus refugios en un nivel muy alto de confort, mientras en Cataluña la FEEC mantiene la tónica de preservar el ambiente familiar de los refugios, alejándose de las grandes construcciones, aunque ofreciendo buenos servicios como duchas, teléfono, habitaciones más reducidas, luz eléctrica y una excelente cocina casera. Las actuales políticas medioambientales se encargan de controlar la masificación de nuestras montañas (aunque no siempre se logre tal objetivo), y por esta razón se están realizando obras de mantenimiento, mejora y ampliación en algunos refugios del Pirineo, con el objetivo de adaptarlos al presente. La polémica surge a la hora de afrontar la construcción de nuevos refugios, pues dentro del sector se han empezado a oír voces críticas, sobre todo a la hora de definir prioridades.

En Europa, a nivel general, son muchos los estudios de arquitectura que están desarrollando interesantes proyectos con la intención de construir nuevos refugios allí donde los viejos ha quedado obsoletos, como es el caso del refugio del Monte Rosa en el Gornergletscher, por encima de Zermatt (Valais, Suiza). Las nuevas construcciones aportan grandes avances técnicos, son totalmente autosuficientes, respetan al máximo las normativas gubernamentales, están perfectamente integradas en el medio y su coste no es muy elevado, pero, como suele pasar en estos casos, no todo el colectivo alpino ve con buenos ojos esta evolución del clásico refugio. La voces más críticas opinan que el refugio debe ser austero, funcional y parco en diseño, sin grandes pretensiones arquitectónicas y sin ninguna operación de marketing que los presente como obras de diseño, como es el caso del refugio de Carançà, que prefiere las velas a la luz eléctrica. Algunos partidos políticos y grupos ecologistas miran con lupa la construcción de nuevos refugios, un buen ejemplo de ello lo encontramos en Francia, donde el CAF congeló por iniciativa propia el proyecto de construcción de un refugio guardado en el circo de Hilette, en la región del Couserans. En otras zonas se sigue con mucha cautela la posibilidad de levantar nuevas construcciones. La mayoría de entidades que poseen refugios en el Pirineo se muestran a favor de ampliar y actualizar los actuales refugios, incluso se acepta de buen grado la construcción de nuevos, pero siempre con el objetivo de sustituir a los viejos.

En el año 2001, el refugio libre más alto de los Pirineos enclavado en la brecha de la Peyta, a 2.805 m de altura, a los pies de la cumbre del Besiberri Norte, fue sustituido por uno nuevo, construido 600 metros más abajo. El Parque Nacional d’Aigüestortes i Estany de Sant Maurici no autorizó la construcción de ningún refugio ni cabaña en el mismo lugar que el antiguo, y el nuevo refugio libre de Besiberri se inauguró el 20 de agosto del 2001 en el Estanyet de Besiberris (2.200 m). Actualmente tiene una capacidad para 18 personas.

La cueva Paradís, excavada por Henry Russell unos veinte metros por debajo de la cumbre de la Pique Longue (3.298 m) en el Vignemale, es sin duda el «abrigo-vivac» más alto de toda la cordillera. Su estado de conservación es aceptable y permite poder pasar la noche en mínimas condiciones, aunque, por desgracia, en ocasiones este tipo de abrigos terminan convirtiéndose en auténticos vertederos donde la higiene y el orden brillan por su ausencia. Hace unos años, la revista francesa AlpiRando realizó una interesante encuesta buscando el mejor refugio de los Pirineos. El de Laberouat (en el circo de Lescun) fue elegido por votación popular como el más confortable del Pirineo. En la actualidad, los refugios guardados de mayor capacidad son los de Estós y Respomuso, con 115 y 105 plazas, respectivamente. Los refugios más visitados del Pirineo son los de Ulldeter, Lluís Estasen, Amitges, La Renclusa, Góriz, Baysellance, Respomuso y Belagua. Para incentivar entre los montañeros la utilización de los refugios como medio de aumentar la seguridad en sus actividades deportivas, la FAM ofrece una serie de «bonos refugio» que permiten obtener algunas ventajas en la utilización de sus refugios guardados, concretamente los de Lizara, Respomuso, Casa de Piedra, Góriz, Pineta, Ángel Orús, Estós, La Renclusa y Rabadá-Navarro. Recientemente, el Consejo de Gobierno de Aragón ha aprobado el tercer plan de refugios de montaña que se extenderá hasta 2011. El Consejo aragonés destinará cuatro millones de euros para adaptar al presente los refugios de Góriz, Estós, Bachimaña, Pineta, Riglos, el interior del Ángel Orús y el Rabadá-Navarro en la sierra de Javalambre (Teruel). Se realizará un mayor esfuerzo en todo lo referente a la sostenibilidad, para que los refugios sean totalmente autosuficientes, tengan depuradora y puedan integrarse en el medio natural causando un menor impacto ambiental.

Podríamos definir la importancia de nuestros refugios de muchas formas, todas ellas válidas, incluso me viene a la memoria la definición que de ellos realiza el gran Agustín Faus en su Diccionario de la Montaña (editorial Juventud, 1963): «Los refugios son construcciones generalmente toscas y reducidas que se hallan en sitios solitarios de las montañas y que facilitan considerablemente las excursiones montañeras». Bienvenidas sean todas las iniciativas que nos ayuden a desarrollar un mejor conocimiento y respeto de la montaña. Dejando de lado las polémicas ideológicas y las discusiones políticas, muchos de ellos han evolucionado y ofrecen servicios propios de un buen hostal de montaña, con una excelente cocina, Internet, agua caliente, duchas, calefacción y teléfono; algunos incluso están equipados con un datáfono para poder pagar con tarjeta de crédito. Si nos centramos en lo que se entiende como refugio (construcción sólida con mínimos servicios con o sin guarda), en el Pirineo podríamos catalogar unos 150 refugios de montaña.

Si nos movemos en términos más amplios y aceptamos como refugio las cuevas, bordas, cabañas, hostelerías de montaña, albergues o gîtes d’etape francesas, es muy probable que la cifra llegue a superar los 400 o 500.

El futuro del guarda

En la actualidad, las políticas de explotación y mantenimiento por parte de las principales federaciones y entidades inciden directamente en los alquileres y en la rentabilidad de la mayoría de refugios españoles. A las condiciones económicas pactadas hay que añadir la cantidad de pernoctaciones que se necesitan para que un refugio sea rentable, sin olvidarnos del mantenimiento y los permisos necesarios para ofrecer servicios de hostelería. Conseguir un buen balance entre economía, mantenimiento y confort es una ardua tarea que día a día condiciona la vida y la evolución de gran parte de los guardas de nuestros refugios, que viven únicamente del alpinismo en un momento en el que la economía a nivel global atraviesa un profundo bache. No todos los refugios reciben la misma cantidad de visitas, y aunque en ocasiones el acceso en vehículo nos facilite la aproximación, no todo aquel que se acerca a un refugio duerme en él. La dureza de la profesión de guarda va camino de reconocerse a nivel oficial a través de un proceso de profesionalización iniciado a principios del año 2007. Tras muchos años de incertidumbre, se puso en marcha el Proyecto Foremon, destinado a la Formación Transfronteriza de Guardas de Refugios de Montaña, promovido por la Federación Aragonesa de Montañismo, la Universidad de Toulouse y el Syndicat National des Gardiens de Refuges de Montagne.

La profesión de guarda reúne en sí misma la práctica del alpinismo, el mantenimiento de las infraestructuras, hostelería, gestión empresarial, psicología y primeros auxilios. Hoy es muy difícil encontrar profesionales que abarquen todas estas disciplinas, y en ocasiones algunos refugios destacan por sus valores en hostelería y servicios, pero flojean en otros campos. Para poner fin a ciertas discrepancias, problemas técnicos y de comunicación, a principios del 2007 la Universidad de Toulouse, la FAM, el Sindicato Nacional de Guardas de Refugio de Montaña francés, la FEDME y la Comunidad Europea, por medio de la iniciativa comunitaria Interreg IIIA, se encargaron de formar a la primera promoción de guardas titulados de refugio de montaña. En el proyecto han colaborado también la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada, la Asociación Pirenaica de Guardas de Refugios y Albergues, la Escuela Universitaria de Estudios Sociales de la Universidad de Zaragoza, el Club Alpino Universitario, la Agencia Aragonesa de las Cualificaciones, el Servicio de Formación Profesional del Gobierno de Aragón y el Comité Nacional de Refuges de France. Poder obtener un reconocimiento profesional como guarda de refugio significa un claro avance a favor de la profesionalización del sector; no obstante, también se han levantado voces en contra que defienden la libre aceptación del cargo a nivel vocacional, huyendo de la burocracia y las reglamentaciones.

La Consejería de Educación del Gobierno de Aragón, el Instituto Nacional de las Cualificaciones y el Ministerio de Educación son los máximos responsables de incorporar la cualificación de Gestión y Guarda de Refugios y Albergues de Montaña al Catálogo Nacional de Cualificaciones Profesionales y al INCUAL.

Los contenidos del diploma de Guarda de Refugio, establecidos por la Universidad de Toulouse Le Mirail, incluyen materias como la prevención de incendios, la telefonía y las telecomunicaciones, el cuidado y el tratamiento de las aguas, la prevención de accidentes, los primeros auxilios en alta montaña, la legislación actual, el sistema formativo, el marketing y la calidad de los establecimientos hoteleros o los programas informáticos que ayudan a gestionar un establecimiento. Son muchos los que creen que el avance de la profesionalización ayuda a la figura del guarda, tal y como opina Alejandro Gamarra, guarda del refugio de Certascan (Pirineo de Lleida): «El diploma de guarda nos posiciona a nivel europeo y significa un claro avance a la hora de crear una titulación que oficializa nuestra profesión, a la vez que fomenta el diálogo entre guardas, algo que siempre resulta interesante. Espero que pueda realizarse en breve en nuestro país». La evolución de la tecnología ha facilitado el uso de la telefonía móvil e Internet en algunos de nuestros refugios. Fernando Román, guarda del Ángel Orús en el Posets, afirma que, por fortuna, los avances técnicos le ayudan a pasar las horas de forma mucho más agradable que hace unos años, y es que un refugio es como una casa, alejada de la civilización. Fernando piensa, igual que Quique, el guarda de Pineta, que «cuando algo se hace con gusto, todo se lleva mejor. Estoy seguro de que en otros trabajos hay momentos malos y momentos buenos, y a los guardas les pasa igual. En la montaña tienes días buenos y días no tan buenos, pero si estás a gusto con lo que haces, esos momentos se llevan mejor. Hoy en día algunos refugios estamos muy bien comunicados por radio y teléfono, incluso nos llega un hilito de Internet que te permite escribir correos. Siempre tienes cosas que hacer en el refugio, ten en cuenta que esto es como tener una casa, pero muy grande, y tú tienes la responsabilidad de ocuparte de todo». Los guardas no son ni camareros ni recepcionistas de hotel, son los responsables de ofrecernos el confort necesario para que nuestra pernoctación sea lo más cómoda posible, aportando para ello toda su profesionalidad, pero en ningún caso están obligados a realizar otras tareas. Muchos turistas que visitan nuestros refugios empañan la buena imagen que los alpinistas poseen, y es por ello que la información y la educación siempre deben andar paralelas a la hora de afrontar cualquier actividad deportiva.

Víctor Riverola Morera

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